domingo, 29 de diciembre de 2013


2014: esperando a Europa (otra vez)



Artículo aparecido en el periódico "ABC" el domingo, 29 de diciembre de 2013.

Todas las esperanzas de recuperación económica y de salida de la crisis en la que estamos, de la recesión técnicamente habríamos salido ya, pasan de nuevo por el camino que elija Europa en un año electoral. Si 2013 ha sido el año en el que François Hollande demostró que la alternancia en el Elíseo no sirvió ni para reorientar el tono de la política económica impuesta por el Consejo de la Unión Europea ni para diluir la hegemonía de la canciller alemana Angela Merkel, 2014 debe ser el año en el que la coalición CDU-SPD muestre su hoja de ruta. Ojalá sea otra y los socialdemócratas logren lo que Hollande no pudo alcanzar.

Los últimos hitos relevantes de la trayectoria europea se fijaron en 2012 y en los primeros meses de 2013 hasta que el clima preelectoral alemán congeló de facto cualquier innovación. Una desequilibrada unión fiscal sólo por el lado de los gastos, y una indeterminadísima unión bancaria con un proyecto razonable de supervisión pero sin rastro alguno de mecanismo de resolución solidario y común, y mucho menos de garantía de depósitos, se abren paso mientras seguimos sin noticias de la solidaridad verdadera, la que tiene que ver con la deuda soberana y con la construcción de diques que garanticen que la deuda privada no se convertirá en pública –en España la broma de Bankia, las cajas gallegas y algunas catalanas nos ha costado a los contribuyentes más que toda la red de AVE existente-. Un año, 2013, en el que la Unión ha aprobado su nuevo marco financiero para el periodo 2014-2020, a todas luces insuficiente para la magnitud del reto al que nos enfrentamos. Y un año también que ha mostrado lo muchísimo que se puede tardar en aprobar un programa como el de la Garantía Juvenil –empleo o formación para todos los jóvenes antes de cumplir 4 meses en el paro- dotado con un raquítico presupuesto que sí, es mejor que nada, pero que difícilmente va a contribuir a modificar las expectativas que existen sobre esta tragedia –nadie prevé una reducción significativa del desempleo en nuestro país antes de 2016-.

Así las cosas y algo cansados del debate austeridad-crecimiento ahora que nadie defiende el tono, ritmo y composición de los recortes ejecutados desde 2010, ni el FMI ni la Comisión desde luego, pero conscientes de la necesidad de equilibrar las cuentas públicas, 2014 aparece una vez más como año clave. Año clave, sí, otra vez. Equilibrar las cuentas, algo que hoy en España es un problema de ingresos más que de gastos a pesar de los excesos que protagonizamos en los buenos tiempos de la burbuja. Una necesidad de equilibrio, sin embargo, en el ciclo y no año a año como equivocadamente impone la incumplible Ley Orgánica de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera de 2012, en contra del acuerdo político que acompañó a la reforma de la Constitución de 2011 –art 135- , y que no va a servir para devolver nuestra economía al crecimiento.


En 2014 elegiremos un nuevo Parlamento Europeo que debe ser ante todo europeísta y no euroescéptico ni eurófobo, pero mejor progresista que conservador. Un Parlamento capaz de denunciar con claridad los problemas que la mayoría conservadora en el Consejo ha dejado cristalizar a cambio de nada: así ni saldremos antes de la crisis ni lo haremos más cohesionadamente. Hasta el debilitado Obama del final de 2013 parece un intrépido gobernante en materia económica en comparación con lo que la UE, el eurogrupo y el Consejo han logrado. Por eso ahora que los liberales alemanes han desaparecido engullidos por Angela Merkel, y ahora que el SPD forma parte del gobierno federal habiendo renunciado desde el primer día a formar un gobierno con los verdes y Der Linke –atención al dato, la izquierda obtuvo más votos y escaños que la Sra. Merkel- es la hora de las novedades. Porque si la UE no se plantea dar otro aire al mandato del BCE –crecimiento también, no sólo inflación-, si no se armoniza la fiscalidad en serio también por el lado de los ingresos –cuantos problemas nos ahorraríamos en España-, si no pretende adoptar algo que merezca el nombre de presupuesto en el siguiente periodo financiero que debería coincidir con el nuevo ciclo político, y si no profundiza en la mutualización solidaria de deuda gestionando conjuntamente pasivos –eurobonos- desde un tesoro europeo, no habrá nada que hacer y no lograremos salir de la crisis sin pagar antes un altísimo precio.

jueves, 14 de noviembre de 2013


Economía, Europa y el 'izquierdómetro' en la Conferencia del PSOE.


Artículo aparecido en "the Huffington Post" el jueves, 14 de noviembre de 2013.


Tras la Conferencia Política del PSOE celebrada el pasado fin de semana se ha abierto un en mi opinión estéril debate acerca del sentido hacia el que se habría desplazado el centro de gravedad ideológico, si es que tal cosa existe, de nuestro partido. No en vano el proyecto socialista del PSOE, progresista, de izquierdas, socialdemócrata..., es en definitiva el único que puede ser alternativa a la derecha actual. Es más, es el único que lo ha sido. Así lo demuestran a diario los cientos de miles de ciudadanos que se indignan ante los destrozos por razones ideológicas que nada tiene que ver con la crisis que provoca el Gobierno del PP en las políticas sociales y de bienestar -educación, sanidad, pensiones, dependencia...-, y en otros muchos ámbitos -medio ambiente, derechos de las mujeres, igualdad de género, laicismo...-, políticas que construyeron en solitario los Gobiernos del PSOE durante casi 22 años desde 1982. El PSOE, SÍ, la única izquierda posible que es lo verdaderamente importante.
Los debates del fin de semana han vuelto a demostrar la capacidad de las bases socialistas, acompañadas de invitados con derecho a voz y voto en esta ocasión, para hacer autocrítica y reformar nuestras propuestas, las de todos, y hacerlo sin falsos izquierdómetros. En materia de economía y empleo, tras más de 8 horas de trabajo, por ejemplo, se cerró un texto con el acuerdo de todos los participantes. Un proyecto coherente y consistente en la mejor tradición del PSOE. La misma que conduce desde una profunda modernización hacia un gran futuro sustentado en la riqueza y diversidad de la izquierda española.
No sólo tenemos propuestas y un mejor discurso. También hemos hecho autocrítica. Los capítulos dedicados a la economía y a Europa son un buen ejemplo de todo ello. Tal y como recoge el texto de la ponencia, la economía española está inmersa en la crisis económica más profunda del último siglo, una crisis con gravísimas consecuencias sociales que la derecha está aprovechando para desmantelar por razones ideológicas el estado del bienestar y los mecanismos de igualdad de oportunidades. Esta crisis es la consecuencia de la superposición y coincidencia de una serie de factores, algunos globales como la crisis financiera internacional que se desencadenó en el año 2007 tras décadas de desregulación. Otros, factores propios españoles como el estallido de la burbuja inmobiliaria que ha provocado la pérdida de un ciclo económico completo desde la década de los 90 consagrado a un modelo productivo especulativo e insostenible, que tampoco fue ajeno a las deficiencias institucionales de la construcción del euro pero que ha puesto más que evidencia el mal llamado milagro económico español que la derecha torpemente todavía sigue reivindicando.
En este marco, los socialistas apostamos por un retorno al crecimiento cimentado en los fundamentos de la economía social del mercado. Esto es, una apuesta por el empleo de calidad basado en el capital humano y tecnológico, la educación y la I+D+i, en un marco europeo de competitividad basado en el valor añadido respaldado por un sistema o modelo de bienestar sólido financiado por un sistema fiscal público saneado, solvente y sostenible que garantice la justicia social y la igualdad de oportunidades. Una sociedad de la inversión, la educación, la innovación, la cultura y la sostenibilidad social y ambiental que reduzca la desigualdad, genere empleo de calidad y refuerce la clase media trabajadora. En definitiva, un retorno a la economía social de mercado vigente en la sociedades más desarrolladas del norte de Europa en claro contraste con el modelo seguido entre 1993 y 2008.
Casi cinco años después del estallido financiero internacional, Europa sigue sumida en una crisis multifacética; crisis de empleo, de sus políticas sociales y de su Estado del Bienestar. Crisis del Euro y de las instituciones monetarias. Crisis de competitividad europea en la globalización. Crisis institucional de modelos de gobierno y de los Tratados Constituyentes de la Unión, que han quedado obsoletos e insuficientes para abordar las nuevas necesidades de la gobernanza económica. Crisis que, en definitiva, se traduce en una decreciente influencia de Europa en la escena internacional.
Con todo, el euro ha aguantado el embate de la crisis demostrando que el proyecto europeo es viable y debe ser reforzado. La crisis ha sido también el escenario que ha demostrado dos tendencias imparables. La primera demuestra que Europa sólo podrá afrontar con garantía los retos que impone la globalización participando en la toma de decisiones globales si lo hace unida. Decisiones cruciales para el futuro del continente en el ámbito económico, financiero, de la sostenibilidad, cambio climático, energético o seguridad se adoptarán a escala global. Así mismo, en segundo lugar, esa Europa debe evolucionar y transformarse profundamente para democratizar su funcionamiento, permitiendo que sus instituciones rindan cuentas y respondan democráticamente ante los ciudadanos.
La integración económica europea no puede basarse exclusivamente en su pilar económico, debe tener una clara dimensión social que conduzca hacia la Unión Social, un hito indispensable para alcanzar el objetivo último de la Unión Política. Por ello, proponemos que las medidas en el ámbito estrictamente económico sean complementadas con un Pacto Social (Social Compact) para Europa, a añadir a los Tratados, que debe preservar el modelo social europeo sobre la base de unos estándares sociales mínimos.
El conjunto de la socialdemocracia siempre ha apoyado la construcción europea, entendida no solamente como un gran mercado sino como un proyecto político basado en la solidaridad, el interés mutuo y la soberanía compartida. De ahí que los socialistas europeos aspiremos a que la UE se convierta en un espacio supranacional de corte federal, que dando lugar a una verdadera ciudadanía europea, modernice y conserve el modelo social surgido en la posguerra y la gestión keynesiana del ciclo económico, apostando por la idea de desarrollo frente a la de crecimiento, con el objetivo último de alcanzar la Unión Política como cénit del sueño europeísta.

domingo, 13 de octubre de 2013




La deuda alcanza el 100% del PIB.


Artículo aparecido en el periódico "ABC" el domingo, 13 de agosto de 2013.


La deuda pública acumulada por nuestro país alcanzará el 100% del PIB en 2014 según datos del propio gobierno, 30 puntos por encima del volumen heredado en diciembre de 2011, todo un triste récord. Un nivel que ejemplifica el fracaso de la política económica instrumentada por el gobierno y auspiciada por la triunfante Angela Merkel.
Esta quizás insoportable carga es el resultado de las políticas de austeridad que van a poner a prueba la todavía inédita recuperación económica que la propaganda oficial anuncia como inminente. Ojalá estuviera ya aquí. Ojalá venga. El último trabajo de Paul De Grauwe y Yuemei Ji -la herencia de la austeridad en la eurozona, publicado por CEPS el 4 de octubre- muestra como el “microscópico” regreso del crecimiento nada tiene que ver con la austeridad sino con el cambio de actitud del BCE desde que en septiembre de 2012 anunció el programa de compra ilimitada de deuda -OMT según sus siglas en inglés-. Los OMT han permitido reducir a la mitad los diferenciales de la deuda española o italiana a pesar de que sus fundamentos macroeconómicos no han mejorado desde entonces. La austeridad no ha generado la confianza que debía servir para reanimar el consumo y la inversión y crear empleo. No debe sorprender entonces que nadie crea factible reducir el desempleo en España por debajo del 25 por 100 a medio plazo. El FMI pronostica un desempleo del 26,9% y un crecimiento del PIB del 0,2% en 2014 frente al 25,9% y 0,7% que prevé el gobierno.
De Grauwe y Ji aciertan cuando destacan que a pesar del éxito de los OMT no se ha observado ningún avance en la capacidad de España y otros para aligerar su deuda. Se ha perdido un tiempo precioso. Los programas de austeridad no han evitado el crecimiento explosivo de la deuda pública sino todo lo contrario. Allí donde los programas de austeridad han sido más duros, más ha crecido la deuda. Y también, allí donde más austeridad ha habido mayor ha sido la caída del PIB. La correlación es evidente como bien demuestran. El mito de la austeridad ha ignorado las enseñanzas de la crisis de 1929 y lo que la ciencia económica sabe desde entonces, argumentan ambos, con no pocas referencias desde Irving Fisher a Paul Krugman, y
muchos más. El fuerte efecto contractivo de los programas de austeridad ha imposibilitado la reducción de los déficits. Un debate que ha sido sistemáticamente silenciado a pesar de que incluso el FMI ha reconocido los errores cometidos al infravalorar los multiplicadores fiscales.
Su conclusión es que incluso si se asumiera que a España y a otros no les quedaba otra alternativa que la seguida, que no es así, lo inaceptable es no haber complementado esas medidas con otras simétricas que las compensaran con estímulos en los países con más margen fiscal. Las recetas aplicadas delatan una priorización por la Comisión Europea y la troika de los intereses de los acreedores frente a los de los deudores, o del centro frente a la periferia. La consecuencia es un nivel de deuda acumulada insoportable que va a lastrar su crecimiento durante décadas y que sólo será superada cuando se haga justicia y los países maltratados por la Comisión, los países periféricos, se venguen reestructurando su deuda con los centrales, compensando así la falta de neutralidad previa de la Comisión. Casi nada.
El resultado de todo ello, para España, es un tsunami de deuda pública consecuencia del hundimiento del PIB tras el estallido de la burbuja y que las políticas de austeridad han empeorado; de la debilidad estructural de nuestro sistema fiscal que arrastra un déficit estructural insostenible –debilidad en los ingresos, fraude, un problema de base fiscal y no de cuota-; y de la conversión de deuda privada en pública, en particular los 40.000 millones de € del rescate bancario de entidades gestionadas por el PP –Madrid y Valencia al frente-. Un agujero privado que pagaremos todos y que equivale a dos tercios del fondo de garantía de pensiones o a toda la inversión histórica en la alta velocidad ferroviaria.
Así las cosas la ley de Estabilidad Presupuestaria es papel mojado, una ley que marca el inverosímil objetivo de deuda del 60% del PIB en 2020. Ley que el gobierno aprobó en solitario incumpliendo el acuerdo firmado con el PSOE en agosto de 2011 al empeñarse en incluir objetivos de déficit coyuntural y no sólo estructural como se pactó entonces. El tiempo pone todo en su lugar.

viernes, 9 de agosto de 2013


Un nuevo ciclo económico y político.


Artículo aparecido en el periódico "El País" el viernes, 09 de agosto de 2013.
Hayamos tocado ya fondo o no el nuevo ciclo económico llegará y coincidirá con un nuevo ciclo político. Un nuevo ciclo económico tan trascendente como el que nos sacó de las crisis del petróleo durante la Transición y que consolidaron los Gobiernos del PSOE y Europa. Un nuevo ciclo político también que deberá rediseñar partes fundamentales de nuestro modelo institucional de convivencia democrática casi 40 años después de su definición.
La sociedad española reclama cambios profundos en la manera de hacer política, en las actitudes de los políticos, en el funcionamiento de los partidos y en el de las instituciones. Exigencias imprescindibles para el éxito de cualquier proyecto político, tanto de Gobierno como de oposición. Reformas políticas de calado que permitan a los ciudadanos sentir que vuelven a tomar en primera persona las riendas de la política. Porque si no lo hacen la desafección irá a más, y con ella sus peligrosas consecuencias para la democracia: populismo y quién sabe qué más.
La desafección política es el resultado de varios factores. En primer lugar, la demostrada incapacidad para controlar desde las instituciones democráticas tanto las decisiones que provocaron la crisis económica como las injustas medidas puestas en práctica para intentar salir de ella con nulo éxito hasta ahora. Un problema de largo recorrido, en España un ciclo económico completo perdido, 1994-2008, por infinidad de errores —una burbuja insostenible—. Un trágico error colectivo que casi nadie vio venir y que la derecha aún niega atrapada en el espejismo del milagro económico de Aznar. Un problema de diagnóstico, y de terapia. Si da igual votar la izquierda o a la derecha porque las decisiones se toman en otras instancias y las políticas no cambian, entonces, la desafección es la más moderada de las reacciones imaginables...
A pesar de que el mito de que la derecha gestiona mejor que la izquierda la economía se está derrumbando a marchas forzadas, todavía perdura el recuerdo del origen de la crisis y de lo que se hizo entonces. Un análisis riguroso conduce obligatoriamente a los años en los que Gobiernos socialistas pusieron en marcha políticas de redistribución socialdemócrata sin prestar atención al origen de rentas demasiado vinculadas a la desregulación, olvidando la producción. Dinero fácil, rápido, insostenible en el tiempo. Pues bien, la redefinición de su proyecto económico constituye el primer objetivo para la izquierda española con vocación de gobierno y sentido de Estado, para el PSOE. Una alternativa económica consistente y verosímil que permita superar definitivamente el largo periodo de hegemonía neoliberal que está detrás de la crisis y que se infiltró en el pensamiento progresista.
La construcción del Estado de bienestar se fundamentó en el crecimiento, y ese debe volver a ser el objetivo de la izquierda, crecer, defender un modelo propio, claro, asumiendo un entorno con retos estructurales como la globalización, el desempleo posburbuja con escasa formación, el endeudamiento o el envejecimiento de la población que exigen propuestas valientes.Pero ese proyecto debe ser europeo. Hay que ir más lejos de lo que ya proponen el Partido Socialista Europeo (PES) y el grupo Socialistas y Demócratas (S&D) en el Parlamento Europeo para salir de la crisis, crecer y hacer frente al austericidio que impone la derecha. Pero atenuar o acabar con la austeridad, sin más, no implicará crecer. El crecimiento retornará cuando nuestra economía produzca de nuevo bienes y servicios competitivos utilizando los recursos ociosos existentes y los que se generen invirtiendo y a través de la educación, de la I+D+i, aumentando el potencial de crecimiento. Una economía sustentada en empresas sólidas e innovadoras con un nuevo énfasis industrial. Crecer exige ser competitivo a escala global.
Solo Europa puede salir de la crisis por una senda progresista que conduzca a un futuro, o cuando menos a un nuevo ciclo económico, de crecimiento y mayor cohesión social y bienestar. Si no se logra establecer un paradigma común norte-sur socialdemócrata, dentro y fuera del euro, será difícil reforzar el papel político que la izquierda pueda desempeñar en el próximo doble ciclo económico y político no solo en Europa, sino también a escala global.
En segundo lugar, la desafección política se alimenta de los escándalos de corrupción que afectan al conjunto de instituciones democráticas y que han batido récords con el caso Gürtel-Bárcenas. Un caso que eleva más si cabe el listón de exigencia para todos los partidos, sin excepción, deudores todavía de un ejercicio de autocrítica y transparencia mucho mayor que el realizado hasta ahora.
En el nuevo ciclo político España necesita una profunda reforma constitucional que permita recuperar el impulso ciudadano sin el cual las instituciones democráticas no pueden subsistir. La corrupción y la crisis que afectan al conjunto de nuestro sistema —los tres poderes del Estado, Corona, partidos políticos, modelo territorial...— lo exigen. Una reforma con nuevos protagonistas, dando paso a las ideas de las generaciones de españoles que no participaron ni como jóvenes votantes en la Transición, y con nuevos planteamientos de fondo porque el relevo generacional resultará insuficiente si viene acompañado de viejas actitudes. Una reforma que cierre el modelo territorial, federalizando su funcionamiento y avalando desde la igualdad de derechos y obligaciones y los principios de cohesión y solidaridad los hechos diferenciales que en 1978 se quedaron fuera, en particular respecto a Cataluña. Una reforma que incorpore y blinde los derechos sociales y que modifique el sistema electoral. En definitiva, una reforma constitucional que constituya una verdadera desamortización democrática ciudadana que elimine todo el lastre innecesario acumulado desde 1978.Ahora más que nunca la izquierda está obligada a dar ejemplo. También, a abrir nuevos cauces de relación con la sociedad eligiendo a sus candidatos mediante primarias abiertas en las que pueda participar cualquier ciudadano y potencial votante como, una vez más, ha liderado el PSOE para las candidaturas a la presidencia del Gobierno de la nación. Primarias abiertas que deberán ampliarse a Comunidades Autónomas y Ayuntamientos. Para el PSOE ello implica modificar sus estatutos, recientemente puestos en práctica en Andalucía, porque el procedimiento que regulan está todavía muy lejos de lo que reclama la sociedad. Primarias porque la participación abierta es un fin en sí mismo, un instrumento de legitimación, movilización y de apertura, no un instrumento a favor o en contra de la dirección de turno.
Por todo ello, en estos tiempos turbulentos, la solidez del proyecto político del PSOE es imprescindible. Su redefinición, en la que estamos, debe concentrarse en la recuperación de su credibilidad y rigor superando un periodo en el que la aparentemente infinita bonanza impuso prácticas y mensajes de escaso calado intelectual, más condicionadas por la realidad mediática y sus ritmos y actores que por las necesidades políticas ciudadanas, como después bien se ha podido comprobar. Ello obligará también a combinar de otra manera perfiles en los equipos políticos, prestando mayor atención a los factores que dignifican la acción política ante los ciudadanos desde la máxima ejemplaridad pública —mérito, capacidad, formación, intachabilidad—, integrando con habilidad aquellos con carreras largas en el seno de los partidos, con otros cada vez más numerosos con trayectorias profesionales antes y por supuesto después de la política en el ámbito privado o en la Administración. Los primeros Gobiernos de Felipe González son un buen ejemplo.
Se acerca un nuevo ciclo económico, y también político, que exige cambios profundos, a todo y a todos, sobre todo a los que quieran sobrevivir. Sinceramente no creo que haya otro camino.

domingo, 14 de julio de 2013


¿TOCANDO FONDO?


Artículo aparecido en el periódico "ABC" el domingo, 14 de julio de 2013.


Hayamos tocado ya fondo o no la prioridad sigue siendo lograr que la economía española crezca.

El esfuerzo que el gobierno venía realizando desde hace semanas para invertir las lúgubres expectativas sobre nuestra economía se ha venido abajo tras la publicación de las Perspectivas Económicas Globales del FMI que reducen 7 décimas la previsión inicial de crecimiento para 2014 –crecimiento cero-. Así, de nuevo, los deseos chocan con la dura realidad echando por tierra el pundonoroso pero desafortunado intento de transmitir cierto optimismo tras la fatídica rueda de prensa de aquél consejo de ministros del viernes 26 de abril en la que se dio por perdida la legislatura. Si se cumplen las previsiones del FMI así será.

Hayamos tocado ya fondo o no la prioridad sigue siendo lograr que la economía española y por ende la europea crezcan. Y por ello es preciso revisar a fondo los elementos macroeconómicos de los que depende esa capacidad para contribuir a activarlos en la medida de lo posible con los instrumentos de política económica disponibles.

Vivimos en un país que según la Comisión Europea tiene un déficit estructural de unos 6 puntos, pero que otros como Javier Andrés y Rafael Doménech de FEDEA sitúan en torno al 3%, estimando además que por cada punto de reducción del paro estructural se reduce el déficit estructural en 0,7 puntos ahorrándose así 7.000 millones de € de ajuste. Este hecho evidencia la necesidad de olvidar o complementar con políticas de crecimiento la obsesión por la austeridad que sigue practicando erróneamente el gobierno. Con un gasto público en el entorno del 46% del PIB y unos ingresos del 36% según EUROSTAT -con las distorsiones que el rescate financiero ha generado en 2012, evitable si no llega a ser por el fiasco Bankia- es evidente que existe un problema de ingresos pero que éste debería ser resuelto cuando la economía crezca, de modo contracíclico y no procíclico como el gobierno se empeña en hacer en plena recesión y como ha corroborado el FMI. El nuevo ajuste –subidas de impuestos y también recorte de gastos- restará 8 décimas al crecimiento en 2014 según el FMI, muy interesado en afinar sus cálculos tras el fiasco provocado por la subestimación inicial de los multiplicadores fiscales que dio alas a los recortes auspiciados por la derecha en toda Europa. Pues bien, mientras el austericidio continúe va a ser difícil que se noten los cambios en la senda de consolidación fiscal acordados –o concedidos- en Bruselas, más bien se harán imprescindibles otros nuevos, o que las modestas medidas de crecimiento, recuperación del crédito y de fomento del empleo juvenil acordadas en el último Consejo Europeo den resultados.

En este marco, frente al discurso del gobierno de que lo peor ya ha pasado, que los bancos se han recapitalizado, que los mercados se fían del Tesoro y de que el FROB tiene recursos para afrontar nuevos sustos bancarios, además del remanente de la línea del MEDE que probablemente se prorrogará para evitar caer en la tentación de sacar pecho antes de tiempo y llevarnos algún disgusto, no cabe otra que criticar las decisiones del gobierno. Una política económica que es la responsable de que España sea el país al que el FMI baja más las previsiones para 2014.

Europa se mueve demasiado despacio pero incluso cuando quiere ayudar, como cuando el BCE dice que la política monetaria será acomodaticia tanto tiempo como sea preciso, parece estar diciendo también que las perspectivas son cuando menos turbias. Algo similar sucede cuando Angela Merkel reconoce que Alemania cedió en algunos aspectos de la Unión Bancaria para evitar males mayores en algunos países de la zona euro con problemas estructurales y de fondo.

Mientras, subsisten los principales factores que hacen muy difícil por no decir imposible retomar una senda de crecimiento. El primero, la sequía crediticia que, en palabras de Emilio Ontiveros, se debe a los problemas de transmisión de la política monetaria desde el BCE a las empresas a través de los bancos. El segundo, la falta de expectativas generadas por las previsiones de crecimiento a la baja que además restringen todavía más el renqueante flujo de crédito, refuerzan el temor a que haya que volver a recapitalizar alguna entidad financiera –la troika ha avisado esta misma semana- y complican el desapalancamiento de familias y empresas. Estemos o no en el fondo, malas perspectivas, y para todos.

miércoles, 10 de julio de 2013


Una cuestión general de ética: Bárcenas y el PP



Artículo aparecido en "sesiondecontrol.com" el miércoles, 10 de julio de 2013.

Los escándalos de corrupción y, muy en especial, el caso Bárcenas, parte de la llamada trama Gürtel, no sólo están generando una inmensa desafección ciudadana con la política sino que imposibilitan avanzar y alcanzar acuerdos políticos en momentos como el actual, de profunda crisis económica y social. Una crisis de origen financiero, económica y social, que desde hace tiempo se ha convertido en crisis política e institucional. Una crisis de confianza en la democracia española que afecta a todas sus instituciones.
Vivimos un momento en el que necesitamos un gobierno solvente capaz de guiar a un país en crisis, sin expectativas de crecimiento real a corto y medio plazo y con más de seis millones de parados. Un país que debe lograr que la Unión Europea modifique sus equivocadas políticas porque, en caso contrario, no logrará volverá a crecer; por tanto, necesita prestigiar a sus legítimos representantes. Un país en un momento crítico en el que el partido que obtuvo mayoría absoluta hace todavía sólo un año y medio ha tirado por la borda cualquier posibilidad de resolver los principales problemas que se encontró al llegar al poder o que han ido a peor durante su gestión.
Lo grave no es que contemos con un gobierno torpe en su gestión económica y que se ha visto obligado a rectificar innumerables veces, no, sino algo peor. Lo peor es que este gobierno ha logrado contaminar de tal manera la vida pública e institucional por razones éticas que ha logrado convertir nuestra crisis económica en una crisis política e institucional de profundidad desconocida y consecuencias imprevisibles.
Hace 4 meses escribí en este mismo medio una tribuna titulada “Ojalá pudiera creerle señor presidente“ en la que explicaba las razones por las que desde el PSOE pedíamos entonces la dimisión del presidente del gobierno. La pedíamos entonces cómo lo hacemos ahora porque nada ha cambiado. Bueno, sí, todo ha ido a peor. Todo lo que entonces sosteníamos se ha cumplido. La sombra de Bárcenas ha acompañado al presidente del gobierno allí donde ha ido. Y por culpa de ello, no contamos con un presidente que pueda restablecer la confianza, la seguridad y la estabilidad que España necesita, aunque lo hiciera desde los planteamientos ideológicos de la derecha tan alejados de los míos.
Entonces expliqué cuáles eran y son los planes, la hoja de ruta del PSOE para recuperar nuestro espacio y credibilidad política desde la oposición, sin atajos, con mucho esfuerzo. Nosotros ni queríamos ni hemos buscado este nuevo trance en el que el PP nos ha situado a todos. Nosotros creemos en el trabajo bien hecho, metódico, sistemático. Creemos en el tiempo de la oposición y en eso estamos. Pero así es imposible trabajar.
El problema que el PP y este gobierno tienen con Bárcenas excede su propio espacio. Bárcenas y la trama Gürtel se han convertido en un problema gravísimo para todos. Para la oposición, por supuesto, no lo negaré yo, porque como partido político de gobierno nos afecta el brutal deterioro de nuestras instituciones, la desafección ciudadana con la política y con la democracia, fenómenos que sólo pueden beneficiar al populismo, a los extremismos de todo signo y a los enemigos de la convivencia tal y como la conocemos desde la transición.
Nuestro país necesita reformas democráticas de calado –partidos políticos, electorales, modelo territorial, transparencia, sistema fiscal, constitucionalizar derechos sociales- imposibles de salir adelante con un gobierno sostenido por un partido acorralado y enfangado como nunca se había visto por un caso de corrupción generalizada.
Un gobierno que no sólo ha demostrado escasa pericia como gestor de nuestra maltrecha economía sino que para poner las cosas democráticamente más difíciles ha roto en poco tiempo demasiados consensos básicos de los que servían como soporte a nuestras debilitadas instituciones.
Los perfiles de los nombramientos del Tribunal Constitucional, lo que se ha hecho con TVE, lo que se quiere hacer con el CGPJ, el ataque sin precedentes a la igualdad de oportunidades en la educación, la privatización de la sanidad, la amnistía fiscal, y tantas otras decisiones combinadas con la nula voluntad –e incapacidad real por lo antes dicho- de reformar todo lo que necesita mejorar en nuestro sistema democrático no nos permiten ser optimistas…
Una ruptura de consensos básicos en un momento de nihilismo social que dificulta al máximo la consecución de pactos entre las diferentes fuerzas políticas para resolver los acuciantes problemas económicas y sociales que ahogan a nuestros ciudadanos porque, ¿cómo vamos a pactar cuestiones concretas mientras se dinamitan los consensos esenciales de nuestro sistema de convivencia democrática? ¿Cómo vamos a acercarnos por responsabilidad a un gobierno, que no puede dar una rueda de prensa ni responder públicamente a nada porque el nombre de Bárcenas le persigue, sin que nos critiquen los ciudadanos? Aún y así, porque era y va ser bueno para los ciudadanos que sufren el paro, y en particular los más jóvenes, lo hemos hecho sobre Europa, pero Bárcenas ha vuelto a llenar la pantalla…
Es evidente que lo que es determinante, irreversiblemente determinante, es el caso Bárcenas y la gestión que desde el gobierno y el PP se ha hecho de él. Una gestión que no resiste el más mínimo análisis crítico, una gestión torpe, plagada de mentiras y a la defensiva que no hace sino corroborar día tras día las tremendas sospechas que se ciernen nada más y nada menos que sobre todas las direcciones completas del PP desde hace al menos dos décadas y sobre este gobierno, su presidente y gran parte de los ministros.
Por ello, por razones de ética, nada fluirá ni será resuelto en nuestro país mientras no se supere el caso Bárcenas. Este caso es una tragedia colectiva que exige decisiones drásticas, dimisiones, una verdadera catarsis en el PP. Y que nadie dude de que los demás haremos nuestras propias catarsis si fuera necesario, pero no nos engañemos, no hay nada comparable. Un caso que se ha convertido en una cuestión de ética para todos y para todo. Nada hay más grave que sus consecuencias sobre nuestro sistema constitucional. Un escándalo que cuestiona y amenaza nuestro sistema político y que por razones de ética debemos resolver y superar porque en caso contrario sus consecuencias desbordarán cualquier previsión.
La sociedad española debe afrontar con valentía una cuestión general de ética, la ética de nuestra dignidad democrática, la más importante para una inmensa mayoría de ciudadanos conscientes de la crítica situación por la que atraviesa nuestra democracia.

domingo, 16 de junio de 2013


UN PACTO POR OTRA EUROPA



Artículo aparecido en el periódico "ABC" el domingo, 16 de junio de 2013.

Nuestro país atraviesa la etapa más crítica desde que se instauró la democracia, una profunda crisis económica y social que amenaza con convertirse en política e institucional. Este hecho debería ser suficiente para justificar el cierre de acuerdos entre las dos principales fuerzas políticas españolas, acuerdos que demuestren a los ciudadanos que podemos pactar lo esencial, como arremeter con contundencia contra las causas de esta horrenda crisis que tanto sufrimiento está provocando. El importante pacto que anunciaron el pasado miércoles el Presidente del Gobierno y el Secretario General del PSOE, es sobre Europa porque es ahí, sólo ahí, donde se pueden adoptar las decisiones para salir de la crisis antes y mejor. Europa es donde se toman las decisiones económicas. El pacto es crucial ahora porque es en este momento cuando Europa comienza a virar. Así lo demuestra que el Presidente de la República francesa François Hollande haya logrado poco a poco orientar la agenda del Consejo hacia el crecimiento económico y la creación de empleo. A este esfuerzo se ha unido el nuevo gobierno de Italia liderado por otro progresista, Enrico Letta, y también ha contribuido la constatación del profundo error que constituye el esquema de austeridad impuesto por la derecha europea como ha demostrado el FMI en su análisis de los multiplicadores fiscales o el demoledor informe sobre el rescate de Grecia. Las desastrosas previsiones económicas de la Comisión, a pesar de su gravedad, han servido para que se dé cuenta de que debíamos seguir una ruta de consolidación fiscal más flexible. Europa comienza a virar y España no puede desaprovechar esta oportunidad. Por eso estábamos obligados a pactar. El abandono de las políticas erróneas que han agudizado nuestra crisis debe ser definitivo.
Por eso ahí estamos los socialistas, porque apoyando y reforzando la posición del gobierno en el próximo Consejo Europeo estamos impulsando la búsqueda de una salida para la crisis más justa y rápida. La que apoyan los socialdemócratas europeos.
El acuerdo inicial que podrá ser ampliando estos días a todas las fuerzas políticas que lo deseen contiene los elementos básicos que en este momento están retrasando la salida de la crisis en España. En primer lugar el desempleo, en particular el juvenil –Garantía Juvenil, Erasmus de formación y EURES, y más financiación sin que compute como déficit-, aunque se habla menos del paro de larga duración. En segundo lugar, el crédito, problema para las pymes, para el crecimiento y la creación de empleo, por lo que deben facilitarse las condiciones de acceso a la financiación a través de una acción más decidida del BEI. En tercer lugar las inversiones europeas que tienen que impulsar el crecimiento de una vez por todas, de nuevo el BEI pero también el presupuesto para 2014-2020 y otras fuentes de inversión como los remanentes del periodo 2007-2013 –calculamos otros 10.000 millones de € que pueden ir a empleo-. Así mismo, la unión bancaria y la recapitalización directa de la banca que lastra nuestra deuda pública al asumir la deuda privada de los bancos con problemas. El acuerdo incluye elementos fundamentales como instar al BCE a adoptar medidas para poner fin a la fragmentación existente en los mercados financieros que se traduce en unas muy diferentes
condiciones de financiación para las empresas en los distintos países de la Zona Euro, lo que resulta completamente inaceptable en el seno del mercado interior.
En definitiva un pacto por interés nacional para acudir juntos como país a un Consejo Europeo que pretende hacer concreciones y salir del mismo con decisiones importantes. Un pacto que debe contribuir también a comenzar a recuperar la confianza en nuestra economía y en nuestras propias fuerzas y posibilidades para salir de la crisis, crear empleo y seguir prosperando.