domingo, 11 de noviembre de 2012


          OBAMA Y NUESTRA CRISIS



Artículo aparecido en el diario "ABC" el domingo, 11 de noviembre de 2012.


Europa y España –el Gobierno ya no oculta lo que desde hace meses es un secreto a voces- respiran aliviados tras la victoria de Obama. Una victoria que avala un modelo de política económica a pesar de que el desempleo se sitúe en los EEUU por encima del 8 por 100, un nivel con el que hasta ahora sólo Ronald Reagan había logrado imponerse en unas elecciones. El pueblo americano ha decidido, con razón, que la profundidad de la crisis económica exige al menos otro mandato para consolidar el rescate del país bajo la impronta de Obama mientras que la alternativa económica republicana, la fórmula propuesta por un Mitt Romney percibido como un próspero tiburón devorador de empresas, ha sido derrotada. Ha vencido el esquema colectivo “a la americana” –mejor todos juntos, que nadie se quedé atrás-, frente al sálvese quien pueda. Han ganado las políticas industrial y de empleo proactivas, las del perfil más socialdemócrata de los EEUU, las del crecimiento frente al retorno a lo que provocó la crisis. Con todo, la deriva del Partido Republicano, alejadísimo del centro del espectro político americano y condicionado por los extremismos que conviven en su interior, no augura necesariamente un cambio de actitud en la Casa de Representantes, una cámara que sigue controlada por ellos y donde han practicado un obstruccionismo irracional que no ha servido para desalojar a Obama de la Casa Blanca. Si no se moderan, el fiscal clift previsto para el 1 de enero –un ajuste fiscal del 4% del PIB- augura emociones fuertes. Los europeos y muy en particular loe españoles debemos congratularnos porque Obama podrá contribuir a desmontar el fundamentalismo de la austeridad expansiva impuesto por la derecha europea, por Alemania, y de la que España no ha logrado escabullirse. Obama e incluso el FMI gracias al peso que los EEU ahí tienen, nos pueden hacer más llevadero el terrible trago que nos espera si se cumplen las previsiones de crecimiento de la Comisión Europea. Quién lo iba a decir hace bien poco, el FMI empujando hacia la izquierda… Gracias a Obama y sus políticas los EEUU llevan 30 meses creando empleo y creciendo, y eso que el impulso fiscal de Obama se quedó a medias, pero contando con el inestimable apoyo de la Reserva Federal que nada tiene que ver con nuestro BCE.

miércoles, 7 de noviembre de 2012


Segundo tiempo para Obama


Artículo aparecido en "El Huffington Post" el miércoles 7 de noviembre de 2012.


El sentido común se ha impuesto al final de una intensísima campaña, la más cara de la historia, en la que los ciudadanos estadounidenses han decidido volver a dar su confianza a Barack Obama para permitir que complete su todavía inacabada obra. Aunque ha podido pasar lo contrario, su derrota hubiese sido un golpe muy duro para los sueños de tantos, para el propio sueño norteamericano que Obama ha defendido con uñas y dientes aunque en algún momento le haya faltado la chispa de 2008.
En agosto, en la convención de Charlotte los demócratas lograron contraponer un proyecto de país muy distinto al de los republicanos invocando al espíritu de solidaridad colectiva, de comunidad, que Obama traduce en unas políticas públicas que contribuyan a que el esfuerzo individual conduzca a ese sueño sin dejar a nadie abandonado por el camino. Obamacare, la apuesta por la educación, el rescate de la industria del automóvil o la defensa de los derechos de los dreamers -los hijos de emigrantes ilegales llegados de niños a los EEUU- han marcado esa pauta.
Es verdad que la victoria de Obama llega con el desempleo por encima del 8 por 100 -sólo el gran Ronald Reagan había logrado imponerse en unas elecciones con cifras similares- pero con la sensación clara de que la profundidad de la crisis económica exigía al menos otro mandato para consolidar el rescate del país bajo ese esquema colectivo, de unión. La fórmula económica republicana, la del Mitt Romney desmantelador de empresas, en cierto modo un retorno a lo que provocó la crisis, ha sido la gran derrotada. Veremos si con ello se logra un cambio en la actitud que los republicanos han mantenido en la Casa de Representantes, una cámara que sigue controlada por ellos.
Con Obama gana el mejor y también el candidato preferido por el resto del mundo, alejando los fantasmas que generaba la posible victoria de Mitt Romney y que desde muchas perspectivas podía conducir de nuevo al punto de partida, a 2008, con un republicano de nuevo al mando. Está por ver cual será el futuro papel de Mitt Romney en su partido, que ha hecho una buena campaña, ganó el primer debate y ha logrado dejar atrás las dudas de su perfil -obispo mormón, tiburón financiero- o sus contradicciones -impulsor de una reforma sanitaria bastante, digamos, progresistas, en Massachussets-.
Sin embargo al partido republicano se le nota demasiado que ya no es el partido que más se parece a los EEUU, posición que sin duda ha logrado consolidar el Partido demócrata que se lleva el apoyo masivo de latinos, afroamericanos, mujeres y jóvenes. Un partido, el republicano, que parece cada vez más un partido de blancos a la defensiva. Un partido controlado desde las sombras por el siniestro Tea Party al que Romney ha intentado esconder sin éxito durante la campaña.
En Europa, debemos congratularnos porque Obama debe ayudarnos a desmontar el fundamentalismo de la austeridad impuesto por la derecha europea, por Alemania, y del que nuestro Gobierno también de derechas no parece saber encontrar escapatoria. Gracias a Obama y sus políticas los EEUU llevan 30 meses creando empleo, creciendo, aunque cuentan, claro está, con la inestimable ayuda de una Reserva Federal libre de falsos paradigmas fundamentalistas y comprometida con el crecimiento económico y la creación de empleo. Una buena noticia también porque los demócratas serán más firmes a la hora de controlar y regular los mercados financieros.
En la escena internacional, y a pesar de que el Obama de este primer mandato que ya acaba tampoco ha sido el que todos esperábamos en 2008, no cerró Guantánamo y ha firmado actuaciones unilaterales utilizando drones o a los marines de difícil justificación, tampoco debemos esperar el retorno al unilateralismo que practicó George W. Bush al que probablemente nos habría devuelto Romney y que tan graves consecuencias provocó.
Finalmente, desde una perspectiva de izquierda, o Europea incluso, la reforma sanitaria, Obamacare, la sanidad universal, sobrevivirá a su impulsor y creador. La victoria de Obama ha frustrado las ansias del otro fundamentalismo que con más y más peso ha colonizado el partido republicano, el cristiano, y que sin duda va a sufrir viendo como se legaliza el matrimonio homosexual a escala federal, se mantiene intacto el derecho al aborto y se progresa en los derechos de las mujeres.
Obama tendrá más margen de actuación ahora que no se juega reelección alguna y ello debe permitir que se perciba mejor con hechos su perfil más socialdemócrata -apuesta por la educación, políticas industrial y de empleo proactivas, igualdad, leyes migratorias, cambio climático y lucha contra la pobreza en el mundo, recuperación del impulso de las energías renovables- y algo más que guiños a la izquierda de su país como la defensa de la acción sindical. Obama va a contar con un segundo mandato en el que debe completar su obra y, quizás, pasar a la historia como uno de los grandes, al menos el de toda una generación.

CON OBAMA SE IMPONE LA RAZÓN


Artículo aparecido en el periodico "El Mundo" el miércoles 7 de noviembre de 2012



El mundo, los progresistas, Europa y los idealistas que todavía sobreviven a pesar de la profunda crisis de la economía global, crisis también política en no pocos países europeos o en las propias instituciones comunitarias, todos respiramos aliviados. La reelección del presidente Barack Obama aleja la inmensa incertidumbre que generaba una posible victoria de Mitt Romney que nos podía llevar de nuevo al punto de partida de 2008. El candidato republicano, que ha demostrado ser un buen competidor, deberá ahora consolidar su posición en el partido republicano, un partido al que se le ha notado demasiado que ya no es el que más se parece a los EEUU y que está controlado por el peligroso Tea Party al que ha intentado esconder sin éxito durante la campaña. Una buena noticia para la economía global y sobre todo la europea porque Obama contribuirá a poner coto al falso fundamentalismo de la austeridad que practica la derecha europea con el permiso de Angela Merkel y buenos alumnos como Mariano Rajoy y que nunca nos logrará sacar de la crisis. EEUU lleva 30 meses creando empleo, creciendo e inundando el mercado de dólares gracias a una reserva Federal volcada en el crecimiento económico y la creación de empleo. Un presidente más comprometido con el control y una mejor regulación de los mercados financieros. Bueno para el mundo porque no se espera un retorno al enloquecido unilateralismo que practicó George W. Bush cuyas consecuencias todavía estamos pagando si bien Irán, Oriente Medio o la creciente tensión que se vive en un continente asiático en ebullición auguran emociones fuertes en los próximos 4 años. Por último, es una buena noticia saber que la reforma sanitaria, Obamacare, saldrá adelante en un segundo mandato en el que el perfil más socialdemócrata del presidente Obama se dejará ver –apuesta por la educación, políticas industrial y de empleo muy proactivas, igualdad- alejando el riesgo del otro fundamentalismo que reside en el partido republicano, el cristiano, que sin duda va a ver como se legaliza el matrimonio homosexual a escala federal o se mantiene intacta el derecho al aborto.

lunes, 29 de octubre de 2012

 

La derrota de la razón progresista



Artículo aparecido en "sesiondecontrol.com" el lunes 29 de octubre de 2012
Desde hace ya demasiado tiempo la política española parece el escenario de un campo de batalla en el que la izquierda ha sido derrotada. La dura crisis económica, social y ahora institucional que estamos viviendo está consiguiendo acabar con el largo sueño ilustrado de la izquierda, ese que consiste en el sencillo y al mismo tiempo poderosísimo convencimiento de que desde la política se puede conseguir que las cosas sean distintas. Que la vida sea mejor para todos, más justa y con más igualdad, siendo la igualdad, como decía Luis Gómez Llorente, el principio más específico del socialismo democrático, de la socialdemocracia, la igualdad entendida como “igual libertad” para todos.
Igualdad real, igual libertad efectiva, frente a la libertad entendida como un derecho formal individual sin necesaria consecución práctica como predica el liberalismo. Es la garantía de una vida digna para todos, frente a la formalidad de unos derechos subjetivos para competir en una carrera económica con frecuencia deshumanizada. Es la política que exige un Estado redistribuidor que garantiza derechos sociales, que garantiza esa “igual libertad” para todos más allá de la mera libertad económica que sólo necesita regulación.
Hasta hace bien poco la sociedad confiaba con optimismo en la capacidad de resolución de sus principales problemas desde la razón, y el método con el que contaba era, sin duda alguna, la política. Hoy, los ciudadanos que se consideran progresistas, los que creen en esa idea de igualdad entendida como “igual libertad” para todos y en todos los sentidos, dudan que esos objetivos puedan ser alcanzados desde la política. Nuestra obligación es convencerles de que su sueño ilustrado no se ha frustrado. Convencerles y demostrárselo.
La mayoría seguimos creyendo que es posible porque de hecho existe y ha sucedido en algunas sociedades como las escandinavas, o en muchos países europeos, sí, aunque quizás en otros momentos bajo otras circunstancias económicas y geopolíticas. Con todo, incluso sin ejemplos reales seguiría siendo una aspiración racional perfectamente defendible. El problema por tanto no es del sueño, que sigue ahí esperando, sino de la constatación de que nuestro sistema político actual tal y como es, y tal y como funciona, no permite alcanzarlo. Un sistema político que presenta problemas de suficiente envergadura como para provocar el alejamiento, la desmotivación y la reducción de la esperanza en sus resultados de importantes porcentajes de la población y muy en particular de los ciudadanos progresistas.
En nuestro país, por ejemplo, en el contexto de las derrotas electorales sufridas por el PSOE en 2011 y 2012, desde que estalló la crisis vivimos dominados por una manera de hacer política entregada a la satisfacción de los llamados mercados. Unos mercados que gracias a la desregulación aprobada durante décadas por gobiernos conservadores pero también por los progresistas, han devorado cualquier atisbo de autonomía política de las cada vez más impotentes instituciones políticas de cualquier escala, nacional pero también europea. Unos mercados que imponen desde la hegemonía de la derecha alemana y sin control democrático alguno decisiones económicas que nos llevan en sentido contrario al que quiere la mayoría de la población.

Nosotros mismos

En diciembre del año pasado escribí que las causas de las derrotas de 2011 estaban en nosotros mismos, en el PSOE, y que entre ellas había sido la economía prácticamente en solitario la que nos había llevado donde estábamos y donde sin duda todavía seguimos. También entonces hice, hicimos, autocrítica sobre los errores cometidos durante los años de gobierno desde el convencimiento de que es necesario llevar a cabo una renovación profunda del proyecto político del partido socialista y del propio partido como institución, para poder volver así a hacer algún día efectivo ese proyecto todavía por definir. También dije que la autocrítica no debe convertirse, para alegría de algunos, en un ejercicio de autofustigamiento público, aunque esa autocrítica marque en la dosis adecuada el camino para comenzar a recuperar nuestra maltrecha credibilidad como partido socialdemócrata y para recomponer nuestra identidad.
Pues bien, eso dije, dijimos, y hubo un congreso en Sevilla en el que el partido eligió a una nueva dirección y a un nuevo secretario general, sin duda el mejor capacitado para liderar el partido en esta coyuntura como creí entonces y creo ahora, y comenzamos a atravesar el inmenso desierto de esta crisis de la que, insisto, por acción y por omisión no somos ajenos, y ahí estamos. Ya sabíamos que iba a ser duro, y largo, y lo mucho que todavía tiene que llegar.
Desde entonces no hemos dejado ni un minuto de analizar, debatir y trabajar sobre muchas de las cuestiones de las que llenan los periódicos, medios de comunicación y la Red, incluso muchos más. Así, el debate que debemos tener no es si debemos hacer una oposición más fuerte o más débil para satisfacer a unos medios de comunicación donde ya no se distingue la opinión de la información. Las intensidades, los tiempos, son partes de un todo, lo sabemos muy bien. El verdadero debate de fondo es qué debemos hacer para lograr que nuestro proyecto sea de nuevo creíble y merecedor de apoyo. La verdadera pregunta es saber por qué perdimos tanta credibilidad, y no es difícil responder que para demasiados ciudadanos perdimos durante muchos años nuestras señas de identidad. Vieron la política como un partido de fútbol en el que no se distinguía bien el color de las camisetas. Una política tan agotada que permite con total normalidad el nuevo nepotismo ilustrado de Monti en Italia.
Tenemos muchos frentes abiertos, el del proyecto, el del partido, el de la participación en política, el de la recuperación del voto urbano y profesional, el de la cultura del mérito y el esfuerzo, el de la capacidad e imagen de los políticos, el de Europa, el de la crisis institucional o el del modelo de Estado en una España en la que los que votaron la Constitución tienen ahora 52 años o más, el del papel en la sociedad y en la política de las generaciones que no la votamos, el de los complejos de clase y la obsesión por la ascensión social, o el de nuestra definitiva equiparación con Europa en los dos elementos que la distinguen del resto del mundo: la educación y la fiscalidad. Vamos a acometerlos todos sin excepción, sin cortapisas, con todas las consecuencias.

Errores propios y ajenos

Hemos cometido errores, sin duda, pero ha habido muchos que no han sido sólo nuestros. La derrota de la razón es colectiva en una sociedad en crisis en la que el manejo de la información es más complejo que nunca. La política y los políticos democráticos nos hemos convertido en responsables de casi todos los males de una sociedad arruinada que no ha logrado mantener el ritmo de creación de riqueza de las últimas décadas porque éste se basaba excesivamente en dos tipos de especulación, la financiera y la inmobiliaria. La política es también responsable de ello aunque es difícil encontrar en sector alguno voces críticas a lo que sucedió -universidad, medios de comunicación, sector empresarial- mientras ocurría. Algunos avisamos de ello con poco éxito desde el final de la década de los 90, nuestros gobiernos progresistas no combatieron la burbuja, otros siguen sin hacerlo.
Es difícil imaginar un fallo colectivo más grave que el que ha provocado esta crisis a escala global, un fallo global. Y es difícil imaginar un ejemplo mejor de esa derrota de la razón porque, con todo, a pesar de todo lo que está pasando y de todo lo que estamos sufriendo, todavía no existe un diagnóstico objetivo y racional de lo que pasó y está pasando. La derecha que nos gobierna sigue negando ese diagnóstico, el que vincula la gravedad de la crisis en España con nuestra particular especulación financiera y la burbuja inmobiliaria, con sus derivadas sobre el sistema financiero -cajas básicamente- y sector de la construcción, todo abonado por la desregulación que siguen defendiendo.
Así, aunque crea que el sueño progresista basado en la razón sigue ahí, y aunque debamos cambiar nuestros instrumentos para alcanzarlo, la razón es derrotada cada día por las fuerzas que dominan la política. La razón no justifica la política económica que nos impone la insolidaria Alemania de Angel Merkel, y la razón no encuentra acomodo en el rebrote del nacionalismo como coartada para buscar en la insolidaridad y en las políticas reaccionarias pan para hoy y hambre para mañana como ya ocurrió en el siglo XX en uno de los periodos más oscuros y sangrientos de la historia europea.
El problema es que se imponen otras vías que reemplazan la progresista e ilustrada confianza en la capacidad de resolución problemas desde la razón aún a sabiendas de que, por esas vías, no hay solución. El desmantelamiento del estado del bienestar como coartada para volver a crecer, la eliminación de la “igual libertad” para todos, o la imposición de políticas desde el fundamentalismo cristiano de unos pocos constituyen gravísimos pasos atrás que desde la izquierda deberemos invertir. La confrontación de nacionalismos antagónicos incompatibles y excluyentes sólo puede ser rebatida y compensada desde el cosmopolitismo de izquierdas que apuesta por la convivencia bajo un sistema de inspiración federal.
Queda mucho trabajo por hacer pero no necesariamente mucho tiempo. Creo que los socialistas españoles volveremos a ser alternativa pronto. No será fácil pero lo lograremos, antes cuantos más seamos en el partido, cuantas más ciudadanas y ciudadanos se animen a militar, sí, a militar, y a participar. Necesitamos ayuda, apoyo, ideas frescas, aire nuevo, se sea más o menos crítico, para lograr que nos parezcamos todavía más a la sociedad española a la que aspiramos a representar. La razón que impulsa nuestras ideas progresistas no ha sido derrotada aunque, hoy, se impongan otros planteamientos conservadores, identitarios, aunque no logremos que sean oídas ni que se abran paso. Hemos perdido muchas batallas, esto no es nuevo, pero entre todos volveremos a ganar las de verdad.

domingo, 30 de septiembre de 2012


¿Pactará algo este gobierno?


Artículo aparecido en el diario "ABC" el domingo 30 de septiembre de 2012

Aunque parezca mentira, todo es susceptible de ir a peor. Creo que ese es el mejor resumen de los últimos meses y de todos los días de gobierno de Mariano Rajoy sin excepción. Nuestro país está al borde del abismo económico, social e institucional sin que se pueda aventurar cambio de rumbo alguno. Tras la suficiencia y aires de superioridad con los que la vicepresidenta del gobierno despachó la rueda de prensa de presentación de los presupuestos  para 2013 es difícil esperar milagros. El autismo del gobierno es peligrosamente contraproducente.

Desde el PSOE hemos dicho ya demasiadas veces que la posición del gobierno ante las instituciones comunitarias se vería reforzada si contara con un amplio apoyo parlamentario, no hay más que ver como ha encajado las condiciones del MOU del rescate de junio del que todavía no se ha visto un sólo euro. Votamos a favor del primer decreto de reforma financiera y el Gobierno no llamó. Nos abstuvimos en el segundo y continuamos sin saber nada. Votamos en contra del trágala del tercero tras una larga cadena de errores –presupuesto retrasado por Andalucía, déficit oculto de las CC.AA. del PP, Bankia, rescate bancario como “logro”- y nada, seguimos esperando.

El gobierno da la sensación de no haber aprendido nada. Ni siquiera tiene un diagnóstico serio mientras, repetidamente, prioriza sus intereses partidistas más inmediatos como sucede ahora con las elecciones gallegas. En la reunión que los gobiernos alemán y español mantuvieron en septiembre, el documento que repartió Moncloa situaba el comienzo de la burbuja inmobiliaria en el año 2003. Ni rastro de la Ley del suelo de 1998 y del shock monetario de 1999 cuando se fijaron irreversiblemente los tipos de cambio de las monedas de la futura zona euro. Los alemanes no salían de su asombro, si nos lo han contado hasta a nosotros… y eso que son demócrata-cristianos. Esa actitud es la que nos está saliendo tan cara, la que está dejando nuestra imagen internacional bajo mínimos.

Hemos intentado pactar lo fundamental, pero dos no pactan si uno no quiere. La crisis está provocando un hundimiento de los ingresos sin precedentes que exige una actitud responsable, muy diferente. Exige apostar por el crecimiento y alejarse de la derecha europea. Si el gobierno hubiera escuchado nuestras propuestas fiscales para 2012 cuando debatimos los presupuestos –fiscalidad grandes fortunas, eliminación deducciones en impuesto sociedades- se podrían haber evitado los recortes en dependencia y educación. Día a día, no obstante, se cierra el espacio para pactar, porque el gobierno persevera en su eficaz y paulatina destrucción de nuestro sistema de bienestar. El tan cacareado récord legislativo de estos nueve meses se corresponde con el mayor número de reales decretos aprobados sin debate alguno, sin consultar a la oposición y sin apoyo parlamentario alguno, bueno sí, el de la CiU de Artur Mas. El pacto que el país necesita exigirá rectificaciones. Nosotros ya hemos reconocido errores pasados.

lunes, 10 de septiembre de 2012





CAMINO DE LA REELECCIÓN.


Artículo aparecido en el diario "El País" el sábado 8 de septiembre de 2012

La Convención del Partido Demócrata de Charlotte ha logrado presentar a la sociedad norteamericana un proyecto más claro y también más completo y seguro que la republicana de Tampa. Aunque desde hace semanas las encuestas muestran un empate técnico los demócratas han logrado centrar su poderoso mensaje con rotundidad. El presidente y ya candidato oficial Barack Obama confirmó en su discurso del jueves algo que desde hace ya mucho tiempo se respira en el ambiente: nunca antes en los EE.UU. hubo dos proyectos políticos tan distintos, esa es la realidad y también la estrategia. 

En Charlotte los demócratas se han presentado como lo que sin duda hoy son, el partido que más se parece a la sociedad norteamericana, una sociedad en la que las tradicionales minorías serán mayoría muy pronto, un partido diverso que cree en una sociedad abierta, inclusiva, plural y tolerante. Una sociedad que ha cambiado mucho y que tiene miedo del potencial retroceso moral, social, económico y de oportunidades que representan unos republicanos dominados por la extrema derecha religiosa y muchas de las mayores fortunas de este país. En tiempos de crisis y sin que el presidente Obama haya logrado consolidar la economía en una nueva senda de crecimiento, algo que atendiendo a la historia de previas elecciones debería ser suficiente para que no resultase reelegido, el mensaje de proyecto de país resulta fundamental. Así, los demócratas, durante toda la semana, han propuesto continuar recuperando esa América de la oportunidad, la del sueño americano, que ha sucumbido tras la dura crisis provocada por los que como Mitt Romney practican un individualismo duro y despiadado, se han enriquecido en los años de la desbocada carrera de la desregulación y carecen de proyecto económico alguno salvo el de los recortes y la eliminación de impuestos para los más ricos y las grandes corporaciones. La experiencia profesional de Mitt Romney al frente de sociedades dedicadas a liquidar empresas en dificultades y a deslocalizar empleo en el extranjero no ayuda precisamente a los republicanos que, en Tampa, a pesar de que la coyuntura económica les acompaña no han logrado convencer de que su proyecto económico es más fiable. Los discursos de Bill Clinton y del propio Obama contienen la hoja de ruta de lo que será el principal debate de esta campaña, la economía, aunque no el único. Los demócratas han logrado relacionar con habilidad el déficit y la deuda publica norteamericana con la gestión de los republicanos, es cierto, lo cual complica mucho al Partido Republicano su estrategia por su inconfesable compromiso fiscal con las empresas y los millonarios que financian su campaña. Donantes que quieren menos impuestos, recuperar el negocio sanitario y liberar Wall Street de interferencias innecesarias. Así, como dijo Clinton, no salen las cuentas. Con todo, da incluso la sensación de que con el ticket Romney-Ryan habría poco que hacer si no fuera por el fenomenal colchón de dólares que han amasado este verano. De ahí el discurso demócrata de la oportunidad, del empleo tradicional en industria y manufacturas en pequeñas y medianas empresas que necesitan recuperar los viejos lazos público-privados de cooperación para crear empleo, prosperidad, innovar y ser sostenibles en una economía globalizada muy competitiva. Una fórmula que garantiza el mantenimiento fuerte y sano de la estructura social de las comunidades de este país, el lugar en el que entre todos se puede salir adelante, allí donde a nadie le faltará una oportunidad. La reforma sanitaria de Obama -la ha universalizado-, la reivindicación del salvamento de la industria del automóvil, la apuesta por la educación pública, la puesta en marcha de políticas de igualdad de género, el derecho de las mujeres a decidir sobre su maternidad, el matrimonio gay, y la oposición frontal a la adopción de medidas de austeridad forzadas por la crisis que puedan debilitar los pilares del sueño americano son los ejes fundamentales de esta campaña que, de nuevo, sintetizó como nadie Obama en un gran discurso que fue de menos a más y que culminó con una vibrante segunda parte. Confío en que lo mismo ocurra con su carrera y veamos un segundo mandato

domingo, 22 de julio de 2012



6 MESES PERDIDOS


Artículo aparecido en el diario "ABC" el domingo 22 de julio de 2012

Aunque muchos sabíamos que este gobierno iba a debilitar nuestro modelo de justicia y bienestar social, lo que una mayoría no esperaba era que su gestión económica fuera a ser tan errática como para empeorar, como consecuencia de sus propias decisiones, una situación ya de por sí complicada. Su primer gran error fue renunciar a presentar los presupuestos hasta después de las elecciones en Andalucía y Asturias anteponiendo los intereses del PP a los del país. Mientras, en enero, febrero, marzo… optó por aprobar una reforma del mercado de trabajo que, en plena recesión, ha acelerado el ritmo de destrucción de empleo agravando la situación de miles de familias españolas. Un gobierno respaldado por cómodas mayorías absolutas y por la mayor concentración de poder estatal, autonómico y local de nuestra democracia debería haber ganado credibilidad internacional y transmitido confianza en los mercados pero ha resultado que no, y ha demostrado que no tenía plan alguno. Actitudes como la del presupuesto comenzaron a castigar la prima de riesgo de la deuda española, ese sacralizado indicador, mientras otros hacían lo contrario, como Italia, con un Gobierno que sí supo reducirla. El falseo de las cuentas autonómicas de 2011 con el  Madrid del exconsejero Beteta y Valencia en cabeza, unidos al catastrófico manejo del caso Bankia –un caso que gestionado de otra manera hubiera podido evitar el rescate bancario-, dos buenos ejemplos de genuina gestión del PP, llevaron a los mercados y a las autoridades económicas europeas a concluir que este gobierno no sabía lo que estaba haciendo, y así estamos, rescatados “de facto”. Tras las decisiones del último Consejo Europeo y los brutales, contradictorios, contraproducentes e improvisados recortes aprobados la prima de riesgo no se ha movido y el gobierno, que se niega a tender la mano, comienza a darse cuenta de que no sólo ha perdido 6 meses y la confianza de ciudadanos y mercados sino una oportunidad irrepetible para salir de la crisis.