domingo, 10 de junio de 2012


UN GOBIERNO CAMBIANTE


Artículo aparecido en el diario "ABC" el domingo 10 de junio de 2012.

Aunque parezca que hace mucho que estalló la crisis del sistema financiero español hay que recordar que Rodrigo Rato dimitió hace sólo un mes. Hasta entonces el componente bancario de nuestra particular crisis no aparecía entre las prioridades de actuación del Gobierno, que creyó que con el real decreto de febrero la cosa estaba arreglada. Otra cuestión, la insostenibilidad de las recetas basadas en la austeridad sin contrapartidas de crecimiento, ha protagonizado el debate durante meses. La victoria del socialista François Hollande en Francia ha cerrado esta discusión, a la espera todavía de decisiones relevantes a favor del crecimiento. Aunque la Comisión y el FMI se han sumado a las tesis ganadoras evidenciando cierto aislamiento de Angela Merkel, la opinión de ésta sigue siendo decisiva. El conjunto de la Unión Europea ha tomado conciencia del imposible camino por el que íbamos, tanto España como el resto. Así la cosas, y a la espera de futuros acontecimientos en el Consejo Europeo de este mes hemos sufrido la explosión de la bomba Bankia. Una crisis bancaria que ha pillado completamente desprevenido a nuestro Gobierno y que ha situado a nuestro país como principal preocupación no ya europea sino global. Así, mientras que la dicotomía austeridad-crecimiento era europea la crisis financiera es española. Del mismo modo, frente a un Gobierno equivocado en lo económico ha surgido un Gobierno desarbolado ante la crisis financiera. El contenido y orden de las reformas económicas emprendidas para hacer frente a la crisis de deuda soberana ha sido un grave error, y no sólo por haber olvidado el crecimiento y amenazar nuestro sistema de bienestar, no. El Gobierno ha perdido para siempre lo que en estos tiempos debe cuidarse más, la credibilidad, la capacidad de generar confianza. El retraso de la presentación del presupuesto y los datos ocultos de déficit para las CC.AA., con la del Secretario de Estado Beteta al frente del incumplimiento, dicen poco a favor de este gobierno en Bruselas o en Washington. Pero lo de Bankia ha hecho el resto, más aun tras el segundo decreto de reforma financiera de mayo. El relato de lo ocurrido con esta entidad desde diciembre es espeluznante, demoledor para la imagen del Gobierno fuera de España. Porque, como con el calendario elegido para presentar los presupuestos para 2012 o las cuentas de 2011 de las CCAA, el nuevo Gobierno ha optado por primar lo político antes que lo que la economía necesitaba, en este caso abortando una fusión que hubiese evitado su nacionalización pero que hubiese dado al traste con el proyecto de creación de un gran banco del PP. Pues bien, ese sueño megalómano se acabó y su coste va a ser inmenso.

El Gobierno, mientras, ha ido virando intentando que no se notara demasiado su acercamiento a los planteamientos que simboliza Hollande pero que desde el principal partido de la oposición defendemos con responsabilidad y buena paciencia. Todo está en nuestro programa electoral y forma parte constante del discurso del PSOE. Responsabilidad y paciencia que nos obliga a no hacer lo que vimos en el PP cuando estaba en la oposición, a pesar del abuso de reales decretos sin debate, decisiones opacas, negativa a explicar y conocer el fondo del agujero de Bankia, y múltiples contradicciones ministeriales. Ya sabemos lo que pretendía Cristobal Montoro, “que se hunda España”.

Es un alivio que por fin el Gobierno admita la necesidad de emitir eurobonos y de respaldar políticas de crecimiento. Aunque Merkel no lo quiera hay que insistir, la propuesta de fondo de amortización lanzada por el SPD alemán para respaldar bajo el compromiso de amortización la deuda viva por encima del 60 por 100 del PIB es una buena idea. Ahora hace falta que el Gobierno modifique su estrategia de negociación con Europa, no se equivoque en los mensajes y en los interlocutores y deje su orgullo patrio en casa porque nuestro sistema financiero necesita una solución urgente antes del verano. La reforma del Mecanismo de Estabilidad, ya sea concediéndole una ficha bancaria para que pueda prestar directamente a los bancos, o para hacerlo al FROB al menos en un primer momento, pueden ser el camino. Háganlo.

jueves, 7 de junio de 2012

La socialdemocracia y el proyecto europeo.



Artículo publicado en el diario "El País" el 07 de junio de 2012.

 
       
Europa es lo más parecido que hay a la socialdemocracia. Incluso, Europa es socialdemocracia. Se podría replicar que la construcción europea fue un éxito conjunto de democristianos y socialdemócratas, con los primeros al frente de más gobiernos durante las décadas iniciales de postguerra. Pero no es menos cierto que aquellos viejos cristianodemócratas, humanistas democráticos con sentimiento social, han sido reemplazados por agrios conservadores hijos de la revolución neoconservadora de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, y que cuentan con nuevos amigos en su propio seno o a su derecha, ya sean viejos y siniestros conocidos europeos como hemos visto en Grecia, o una derecha fundamentalista y ultraconservadora a imagen de la que en Estados Unidos se autodenomina tea party. Una derecha que la profunda crisis económica y social que estamos viviendo está poniendo en evidencia, demostrando lo poco tiene que ver con la que contribuyó a construir el Estado del Bienestar europeo. Mientras, por contra, la socialdemocracia sigue manteniendo intactos los principios y valores de entonces, convertida, como decía Tony Judt, en la prosa de la política europea contemporánea, lo cual constituye su principal problema, su éxito sin épica.

La combinación de crisis económica y supuesta crisis de la socialdemocracia nos obliga a responder con valentía. La izquierda no supo reaccionar con determinación a la crisis financiera de 2008. Esta crisis ofrece la oportunidad de quitarnos de encima las complicadas y vacuas definiciones acuñadas por la tercera vía de Tony Blair en su intento de construir un pensamiento progresista compatible con la desregulación financiera y con la globalización en un marco neoliberal. Un camino que sólo sirvió para distribuir, y hacerlo de esa manera, la riqueza creada en unos años de prosperidad insostenible.

Vivimos tiempos de crisis social, de pérdida de calidad de vida y bienestar, de voladura controlada del sistema de igualdad de oportunidades que tanto costó construir, de abandono de la sanidad y educación públicas, de paro desbocado. Tiempos de inseguridad e incertidumbre en los que a pesar del indecente espectáculo protagonizado por el sistema financiero y sus gestores, los mercados han logrado imponer políticas sin debate democrático alguno con el fin de rescatar al sector financiero del desastre provocado por la desregulación que antes logró imponer.

Las consecuencias de esta crisis demuestran que nunca como en estos años había estado la política tan sometida a los intereses económicos de unos pocos. Este sometimiento ha provocado la mayor crisis de la construcción europea desde su creación porque Europa es justamente lo contrario, el sometimiento de la economía a un fin político, la convivencia democrática en libertad bajo nuestro modelo de bienestar social. Tras la segunda guerra mundial Europa puso la economía –el carbón y el acero primero, el mercado común después, el euro…- al servicio de un gran sueño. Y esta crisis provocada por la desregulación ha puesto todos los sueños políticos, ciudadanos y de convivencia al servicio de un paradigma económico injusto e insostenible.

La combinación de crisis económica y una derecha más alejada que nunca de los valores humanistas de la ilustración como apunta Tzvetan Todorov, ofrece una oportunidad irrepetible a la izquierda europea para construir una alternativa creíble. Un inmenso reto porque en la práctica, salvo honrosas excepciones, socialdemocracia sólo ha habido en Europa. Pero las cosas han cambiado también fuera de Europa, y mucho. Dani Rodrik en su famosa paradoja señala la imposibilidad de conciliar tres elementos: democracia, soberanía nacional y globalización, teniendo que optar como máximo por dos. Las dos primeras conducen al aislamiento y la autarquía. Las dos segundas, ¿a China? Si apostamos por la primera y la última, democracia y globalización, debemos convertir esta globalización en el campo natural de actuación de nuestra imperfecta Europa, reubicando en Europa la soberanía perdida.

Esa alternativa exige, no obstante, tomarse en serio de una vez por todas el proyecto de construcción europea, y hacerlo tomando decisiones que lo transformen. Hay que asumir que una Europa de 27+1 miembros puede conducir rápidamente a un proceso de geometría variable en el que sólo unos pocos Estados profundicen en todo aquello imprescindible para volver a poner la economía al servicio de los ciudadanos.

En el ámbito económico, la Unión Europea y más aun los países que conforman el euro, deben ser capaces de cerrar el deficiente diseño de lo que sólo es una unión monetaria. Armonización fiscal con impuestos y tipos marginales equiparables, un mecanismo de mutualización y solidaridad financiera y de la deuda como en cualquier unión federal, un presupuesto europeo eficaz y transparente, recursos propios –tasa sobre transacciones financieras-, un BCE comprometido con el crecimiento y el empleo, y una regulación y supervisión bancaria con garantías. La política económica de dimensión europea está obligada a concentrar sus esfuerzos en educación e I+D+i, política industrial y energética, y a hacerlo desde la doble perspectiva de la sostenibilidad tanto social como medioambiental. Exactamente lo contrario de lo que el Gobierno español está eligiendo como camino. Un Gobierno que confunde errores propios con incomprensión europea como siempre ha hecho la derecha en nuestro país.

El Parlamento Europeo debe ser la sede del control político de todas las políticas comunes. Los socialistas nos tenemos que comprometer a presentar un candidato único a presidente de la Comisión en las próximas elecciones europeas para evitar el fiasco Barroso de 2009. Para ello, antes debemos convertir el partido de los Socialistas Europeos (PSE) en un verdadero partido político. Un PSE volcado en la propuesta de políticas de dimensión europea destinadas a impulsar el crecimiento y el empleo, reducir las desigualdades y desequilibrios económicos, sociales y regionales, y convertir el modelo social europeo en seña de identidad y garantía de éxito y competitividad. La estructura de bienestar social europea debe comunitarizarse, más aun ahora que la derecha comienza a asumir la inevitabilidad de propuestas socialdemócratas en lo fiscal –unión fiscal, eurobonos- y financiero –unión bancaria, dicen ahora-. Pues bien, en lo social también.

En el ámbito institucional debemos vencer la resaca soberanista que amenaza Europa, y hacerlo reformando sus instituciones para dotarlas de verdadera esencia democrática y de capacidad de control ciudadano, oponiéndonos a su vez a cualquier retroceso. No tiene sentido suspender Schengen cada vez que se organiza una cumbre financiera en una ciudad importante. Las libertades fundamentales europeas no deben ser condicionales. O somos europeos o no lo somos.

Por último, debemos seguir profundizando en la construcción de la ciudadanía europea, más aun hoy en día en el que vivimos en una sociedad multiidentitaria de vocación laica en la que cada uno tiene derecho a sentir muchas cosas a la vez. Probablemente tengamos que aligerar nuestros problemas lingüísticos priorizando el inglés como segunda lengua comunitaria y vía de comunicación común. Europa debe garantizar la última instancia judicial no sólo en derechos y libertades fundamentales como hace ahora en la institución hermana de la Unión, el Consejo de Europa en Estrasburgo, sino también en derechos económicos y sociales.

La socialdemocracia tiene que lograr que su actuación en Europa sea coherente con los objetivos últimos de construcción de una Europa federal, de una verdadera unión política con todas sus consecuencias como un servicio exterior y un ejército europeo donde se comparta, básicamente, todo. La construcción de una Europa unida y el sueño socialdemócrata de una sociedad democrática, justa y próspera han sido los motores políticos de nuestros últimos cien años.  Europa será socialdemócrata o no será.

domingo, 13 de mayo de 2012



DEMASIADA DESCONFIANZA


Articulo publicado en el diario "ABC" el domingo 13 de mayo de 2012

Después de todo lo que ha ocurrido en las últimas semanas la reputación del gobierno sale muy tocada y, lo que es peor, la de todo el país. Sin entrar en la estrategia de fondo elegida por el todavía “nuevo“ ejecutivo desde la investidura –retraso de la presentación del borrador de presupuestos, o su “ideológica” composición optando por caminos que no son ni los más sociales ni los más indicados para garantizar prosperidad y crecimiento futuro-, son las dudas sobre su transparencia y eficacia las que está lastrando la imagen de nuestro país. Dos son las realidades que nadie ha dejado escapar en Bruselas. En primer lugar, nuestros socios europeos nunca han creído al nuevo gobierno en su afirmación de que el anterior engañó sobre las cuentas públicas en 2011. La transmisión de poderes fue leal y transparente en un momento en el que ambas partes sabían perfectamente que no existirían datos definitivos en materia de déficit hasta al menos febrero. Más de un 80% del desvío se ha debido a la caída de ingresos del segundo semestre de 2011 como ha reconocido el FMI, o hasta el 90% según otros estudios. La economía española se paró en el segundo semestre de 2011, como la británica o la de los Países Bajos a las que los ingresos se les desviaron en la misma proporción y sin cambios de gobierno por medio. El mensaje del engaño no coló porque, por ejemplo, en febrero se supo que el déficit de la Comunidad de Madrid en 2011 era 1.000 millones de € superior al que anunció en diciembre como todavía consejero de esa Comunidad el Sr. Beteta días antes de marcharse al Gobierno central como Secretario de Estado de Administraciones Públicas, y nadie dice que el Sr. Beteta se engañara a si mismo. Lo mismo se puede decir del resto de administraciones autonómicas, en su inmensa mayoría gobernadas por el PP y perfectamente conocedoras de lo que estaba sucediendo en esa parte final de 2011. Esa actitud del PP sembrando dudas sobre nuestras cuentas ha hecho mucho daño a la credibilidad de nuestro país en plena crisis de deuda soberana.

Bankia supone la segunda y quizás definitiva mancha en la debilitada credibilidad del gobierno. No sólo por cómo se ha gestionado su crisis en la última semana, la falta de información y la negligencia con la que se permitió durante tres largos días que el miedo y la incertidumbre se propagaran no sólo por los mercados sino entre los ciudadanos españoles y no digamos los clientes de esa entidad, no. Bankia es una entidad que no se puede disociar de la gestión del PP. Sus matrices provienen de la dos Comunidades Autónomas en las que el PP gobierna desde hace más tiempo. Su dirección hasta el lunes era el resultado de luchas internas entre familias del PP, luchas que hasta hace bien poco intentaron colocar al frente incluso a políticos con perfiles tan “financieros” como Ignacio González. Y para colmo su último presidente ya defenestrado era permanentemente utilizado por la propaganda popular como el artífice del milagro económico de los años de José María Aznar del que hemos hablado otros días. No deja de ser una paradoja que la resaca de aquellos años en los que se sentaron los cimientos y un buen número de plantas de la burbuja inmobiliaria haya acabado con él de esta manera. Los mercados han vuelto a dudar sobre la voluntad real del Gobierno de cambiar las cosas, y va a ser difícil convencerles de lo contrario porque a pesar de las medidas que se adopten a partir de ahora este Gobierno nunca podrá explicar porqué esperó tanto, porqué no hizo nada hasta que el desastre era inminente a pesar de llevar como PP toda la vida en el puente de mando de Bankia.

Al menos, ya se comienza a generalizar el discurso del grave error de fondo que la economía española cometió como país durante el último ciclo, 15 años perdidos de crecimiento entre 1993 y 2008, tanto más donde más énfasis se concedió al ladrillo como por ejemplo Madrid y Valencia. El FMI estima que el PIB español de 2008 no se recuperará hasta el año 2018,,  25 añosa para salir de la espiral destructiva que la especulación inmobiliaria combinada con la crisis financiera internacional, hijas ambas de las desregulación conservadora, han provocado en nuestro país.

viernes, 11 de mayo de 2012

 

Respuesta a Ana de Palacio


Publicada en el diario "El País" el 11 de mayo de 2012.


Aunque sorprenda no deja ser una buena noticia descubrir que la que fuera ministra de Asuntos Exteriores Ana de Palacio en el Gobierno de José María Aznar cree que los “éxitos del capitalismo no solo dependen de las políticas macroeconómicas y los indicadores económicos, sino que se asientan en el buen gobierno y el Estado de derecho; dicho de otro modo, en un Estado eficaz”. Sorprende por lo que tiene de conversión puesto que durante el periodo en el que estuvo al frente de la diplomacia española su acción se caracterizó por lo contrario, por el incumplimiento de las normas jurídicas internacionales, del derecho internacional, con las que la comunidad internacional se ha dotado para lograr esa “seguridad jurídica” a la que hace referencia en su tribuna (EL PAÍS, 9 de mayo). Hay que recordar que aquellos hechos protagonizados por ella que tuvieron incluso un bochornoso capítulo nada más y nada menos que en la mesa del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas estaban basados en mentiras y perseguían esos indicadores económicos a los que hace referencia, beneficios económicos sin importar sus consecuencias —petróleo—, razón más que suficiente para desencadenar una guerra ilegal que solo ha traído inestabilidad y desolación y cuyos efectos afectarán a generaciones. Una decisión que provocó la segunda gran ruptura del consenso básico sobre política exterior en España, como la primera —la adhesión a la OTAN— provocada por decisiones unilaterales de la derecha, y la apertura de un abismo entre la mayoría de Gobiernos europeos de todo signo y la Administración estadounidense con la triste excepción de los inmortalizados en la foto de las Azores. Y sí, nadie quería que Sadam Husein continuara, pero esa no fue la razón de aquella guerra contraria a la legalidad internacional. Años de Gobierno los suyos en los que el “Estado eficaz” que ahora defiende, también, alimentó la desregulación que provocó tanto la crisis financiera internacional como la burbuja inmobiliaria que ha arrasado nuestra economía —hoy son triste noticia otros miembros de aquel Gabinete— y que nos ha llevado a desperdiciar un ciclo económico completo. Estado eficaz, por supuesto, hasta el punto de que, como la señora De Palacio dice, el principal riesgo es “la ausencia del mismo o su mal funcionamiento”, y que exige también que los partidos de Gobierno se comporten como tales, con sentido de Estado, también cuando están en la oposición, cosa que su partido no hizo, por ejemplo, en política internacional, dedicándose a combatir el multilateralismo, a entorpecer la labor del Gobierno anterior cuando hubo problemas que afectan a intereses españoles y a dinamitar desde el más feroz populismo reaccionario la relación bilateral con algunos Gobiernos con los que se mantenían y se mantienen importantes discrepancias pero que gozaban y gozan de plena legitimidad democrática. Esa actitud partidista, en interés propio, no es ajena a algunos de los hechos que relata en su tribuna, que por alguna extraña razón se han producido sin excepción con el nuevo Gobierno del PP. Bienvenida aunque no sé qué dirán en FAES

martes, 8 de mayo de 2012



GRECIA NO SE MERECÍA ESTO

Después de los resultados de las elecciones puede parecer que Grecia necesita un Gobierno de salvación nacional pero los griegos, que votaron ayer, no parecen estar de acuerdo con esa idea o, al menos con el proyecto de que los continúen salvando de esa manera los grandes partidos tradicionales. Las elecciones legislativas celebradas el domingo 6 de mayo en Grecia han vuelto a demostrar el grave peligro democrático que generan los Gobiernos que dan la espalda a los ciudadanos de manera continuada, aunque sea por diferentes razones porque ha habido varias. Han sido demasiados años frustrantes tras los engaños masivos de Nueva Democracia y el honesto, pero frustrante intento del PASOK y Papandreu, de responder desde el sentido común y los principios progresistas a unas políticas impuestas desde fuera bajo un esquema incompatible con esos valores.

Al quizás inútil sacrificio griego le debemos tal vez la demostración, fatal para el PASOK, que la fórmula impuesta por el afortunadamente desaparecido tándem Merkel-Sarkozy el mismo día gracias al la victoria en Francia de François Hollande carecía de sentido económico y rezumaba ajuste ideológico. Se lo debemos, su caída lo demuestra.

Lo grave es que esa tardía constatación ha dejado a Grecia en una situación política delicadísima, con un parlamento ingobernable en el que han entrado los neonazis de Amanecer Dorado. Europa debe reflexionar seriamente acerca de hasta dónde puede forzar un proceso de integración económico pero básicamente político, tanto en su espíritu como en su objetivo final, convirtiéndolo en una maquinaria de dominación externa de estilo protectorado de democracias maduras a las que se les ha expropiado su capacidad de decisión.

Los llamados “grandes partidos”, grandes porque lo son hasta que dejan de serlo, también deben tomar nota, porque no existen otros fines más legítimos que los exigidos por los ciudadanos. La rendición de cuentas ante el núcleo duro liderado por Merkel y los indefinidos -pero claramente identificables por sus intereses- mercados tiene estas cosas, que por otra parte ya conocíamos. Francia ha demostrado que la resistencia inteligente bajo presiones razonables puede acelerar la alternancia.

Pero ojo, Grecia ya lo hizo antes con Papandreu. El pueblo griego está indignado y de nada sirve llamar a la calma desde fuera si la calma es lo que han vivido. Si verdaderamente creemos que sería una tragedia para Europa que Grecia abandonase el euro, que lo creemos, hagamos todo lo posible para que seguir en el euro no sea otra tragedia aun peor. Así, de paso, lograremos que partidos como Amanecer Dorado y toda la panoplia de nuevas siglas ‘fascistoides’, populistas e irresponsables que florecen por Europa sean efímeras, flores de un día. Sin ellos en el parlamento griego y en los del resto de Europa será mucho más sencillo alcanzar esos acuerdos que permitan crecer y crear empleo, al tiempo que el proyecto europeo, el único antídoto infalible contra esos indeseables, sale reforzado.

C´est maintenant






Acostumbrado a los montajes de los grandes mítines españoles llama la atención el modesto escenario casi de fiesta de pueblo plantado en la place du Capitol, de Toulouse, para cerrar la campaña de François Hollande a las presidenciales francesas. Un detalle poco importante para un Hollande, cada vez más seguro de sí mismo, que comienza a tener pinta de presidente sin perder ese aspecto de persona normal como él promete ser. Un Hollande que, como presidente, quiere ser igual que como ha sido candidato, próximo y cercano. Esa naturalidad sin falsas sofisticaciones con la que sacó de quicio a Sarkozy en el debate del miércoles. Un candidato que nos recibió conjuntamente a socialistas españoles y portugueses en una sala del Ayuntamiento de la Ville Rose minutos antes de salir al escenario. Hollande encandiló a una plaza abarrotada de entusiastas de todo tipo, militantes, muchos jóvenes y también veteranos, todos ciudadanos hartos de Sarkozy, e incluso dirigentes históricos del socialismo francés que no querían perderse el broche final de campaña en el lugar que se convirtió en el talismán de la izquierda francesa con Mitterrand. Tras la intervención de Lionel Jospin llegó el mejor Hollande, sereno con su discurso de hombre de Estado apelando a los valores republicanos, al laicismo, al servicio a los ciudadanos y a la defensa dura de las conquistas que la derecha ha dañado (sanidad universal, I+D, industria, empleo, igualdad, educación, cultura...). Esa derecha que solo sabe meter miedo y que ha dejado a Francia mal preparada para encajar los efectos de la crisis provocada por los correligionarios de Sarkozy. ¿Alguien se acuerda de nuestra burbuja? Nunca Europa se había jugado tanto en unas elecciones nacionales, dijo el candidato, y tiene toda la razón. También Hollande dio la cara por España y lo hizo en su primera frase. Algunos deberían tomar nota tras lo que se viene oyendo, sobre todo los que están en el Gobierno. Y es que todos nos la jugamos con él.


lunes, 23 de abril de 2012

ESPERANDO A HOLLANDE

No recuerdo consenso alguno que haya estado tan oculto y silenciado como el que existe sobre el deseo de victoria electoral en las presidenciales francesas por François Hollande.   En la derecha española esta desorientación digamos "moral" es el mejor indicador de la frustración que siente tras los primeros 100 días de gobierno, 100 días que han servido para demostrar que no bastaba con cambiar de gobierno para que todo fuera mejor porque todo simplemente ha ido a peor.

Los presupuestos generales no han contentado a nadie, ni mercados, ni ciudadanos ni al propio gobierno. Un gobierno rehén de sus excesos verbales pasados que ha llegado a parecer estar sonado en una jornada aciaga que nunca olvidaremos gracias a la escena de la huida por el garaje. Mercados desconcertados por la concatenación de anuncios y filtraciones improvisadas que demuestran que no había otro plan que el recambio presidencial convencidos de que con ello bastaría. Un viejo error conservador ese de considerar que su vuelta a su posición natural basta, al fin y al cabo suyo es el poder, sin tener que presentar u ofrecer proyecto alguno. O más bien incluso, después de haber prometido y haber traicionado todo lo dicho bajo el único argumento de la herencia recibida. Todo lo decidido ha sido negado por el gobierno en primera persona incluso en el día de su filtración como el copago sanitario, la subida de las tasas universitarias y el resto de medidas de estos últimos días.

El retraso de los presupuestos para intentar salvar a Javier Arenas en Andalucía no sirvió para ello sino para debilitar la confianza en nuestro país y en nuestra economía en todo el mundo. Un grave error eso de poner los intereses del PP por delante de los colectivos, exactamente lo contrario de lo que hizo el anterior gobierno. Para compensar ese retraso, el gobierno pensó que tranquilizaría a Bruselas con la reforma laboral, reforma que difícilmente podía exigir nadie tal y como ya es porque en Europa nadie la aplica pero que alguien se había empeñado en realizar en aspectos varios ajenos al problema de productividad de nuestra economía. Existe tal sesgo ideológico sobre la cuestión sindical en nuestro país que se ignora cual es la realidad en materia de negociación colectiva en países como Alemania. Y se lo dice un diputado de Pamplona donde la factoría de Volskwagen de Landaben ha logrado ser puntera en el mundo gracias a lo pactado entre dirección y trabajadores -con la denostada legislación anterior- con las mismas prácticas que lograron en 2008 salvar un sector -el del automóvil- que muchos daban por amortizado tras algunas sonoras quiebras sobretodo en los EE.UU.
Dar la cara no es exigir demasiado, es la obligación de todo gobernante para evitar daños mayores, los que se derivan de la improvisación, la adopción de medidas sin explicación, debate o reflexión alguna. No había plan, demasiados se creyeron su mentira y ahora tenemos un gobierno que ha desaprovechado su
arrancada para ganar confianza. Se ha desperdiciado una oportunidad irrepetible y fundamental, un error que perjudica a todos. Se puede hablar incluso de gran chapuza.

Esa combinación de medidas improvisadas sazonadas con desfases ideológicos, mientras se emiten señales que no hacen sino agudizar la intranquilidad en la calle y también en los mercados ha logrado lo que parecía imposible: todo está cada vez mucho peor. Y por eso en la calle Génova sueñan con la victoria de Hollande. Sólo la victoria de Hollande puede evitar que las políticas lideradas por Alemania con la sumisión de Sarkozy y de todo el PP europeo nos lleven al desastre. El problema es que nadie en el PP se atreve a decirlo en público como hacen, por ejemplo, cuando toca sacar ideología de la peor para tapar el desastre económico. Hollande exige un papel distinto para el BCE con una clara orientación hacia el crecimiento y empleo y para generar la liquidez necesaria para salir de esta crisis. El BCE debe poder prestar también a los Estados miembros y reconsiderar la decisión de no prestar más vía LTROS porque aunque entre sus objetivos no esté el de salvar bancos privados, si no lo hace todos sabemos que el sistema financiero simplemente, primero, se secará  del todo, y después, incluso colapsará. Y además todos sabemos que la principal causa de mortalidad empresarial no es la regulación laboral sino la falta de crédito y liquidez.

Hollande promete más Europa, eurobonos y verdadera solidaridad, un compromiso europeísta con la tasa de transacciones financieras que supere el corto vuelo de los intereses nacionales centrados en el saldo y poco más. Se ha comprometido también a complementar el Tratado de Estabilidad y Gobernanza con medidas de crecimiento y creación de empleo. Por eso hace  falta Hollande, nadie cree ya en las recetas de Merkel pero nadie tampoco se atreve a decírselo y eso que no hay nada peor para Alemania y para Europa que un liderazgo alemán excesivo y  que encima acabe mal. Mientras, Sarkozy agita Schengen para intentar salvar la primera vuelta, progresistas y también desnortados conservadores confiamos en la victoria de los socialistas franceses para afrontar el futuro con garantías, crecimiento, bienestar y mucha Europa. Y, mientras, algunos hablan de la crisis de la izquierda, será que nos exigimos demasiado.