martes, 10 de abril de 2012

 

Crisis hasta del capitalismo




Tribuna publicada en el diario ABC el domingo 8 de abril de 2012. 

Aunque no tenga mucho que ver, que también, el rápido aterrizaje en la realidad del Gobierno del Partido Popular forma parte del preocupante panorama económico internacional que angustia cada vez mas a las sociedades occidentales, las que antes llamábamos desarrolladas.

Las democracias europeas están sufriendo en exceso por culpa de su exasperante incapacidad para reaccionar no sólo a largo plazo, por ejemplo redefiniendo a escala europea y de una vez por todas su gobernanza economica creando un verdadero gobierno económico con capacidad fiscal plena y con un banco central europeo a la altura de lo que nos estamos jugando, sino incluso a corto plazo donde domina la incapacidad y el castigo al ciudadano, medidas que peligrosamente sólo responden a la revancha ideológica o incluso al experimento. En el primer grupo un buen ejemplo es la discusión sobre el próximo marco financiero para la Unión Europea para el periodo 2014-2020 que se está desarrollando como si Europa no se jugara nada en ello y sin la más mínima voluntad ni capacidad de lograr algo que pueda realmente contribuir a esa Europa sin la cual simplemente nos iremos al garete. A tan poca altura de miras en el medio y largo plazo el corto plazo contribuye con medidas, como en España, por ejemplo en el mercado de trabajo, donde bajo la falsa excusa de flexibilizar donde no hacía falta dinamitan el modelo de conciliación familiar, los permisos de lactancia, las bonificaciones por baja maternal o la protección de las embarazadas mientras el ministro de justicia se permite hablar de violencia estructural contra la maternidad, toma ya. El experimento de la amnistía fiscal como vía para rescatar fraude, incentivar el blanqueo o incluso operar como IVA súper-reducido -algunos lo harán- solo sirve para profundizar la desconfianza en las instituciones. Ambos tipos de medidas son un paso más, en este caso exclusivo de una manera de entender la realidad populista y de derechas, hacia el desapego de las clases medias. El siguiente paso puede ser la decadencia de esta clase en Europa y en los Estados Unidos con el consiguiente riesgo para la democracia liberal occidental que hemos conocido desde la segunda mitad del siglo XX. Las clases medias son el principal anclaje de la democracia liberal, ha escrito estos días Fukuyama. Pues bien, la inexistente austeridad expansionista que se practica ahora puede acabar con ellas, algo que no logró ni la extinta Unión Soviética.

En la prensa económica internacional de indudable sesgo promercado no se duda ya de que es muy difícil argumentar en contra de que el capitalismo tal y como lo conocemos hoy en día es el problema. Frente al populismo de derechas la socialdemocracia incluso, podemos decirlo, keynesiana, presenta al menos una vía para construir esa sociedad de clases medias que esta crisis está destruyendo. Frente a lo que ocurre en los Estados Unidos, no sé si como ejemplo adelantado, con ese ejercito de desposeídos y fanáticos  religiosos cada vez más alejados del esquema de democracia liberal, los europeos podemos plantear el modelo de los países nórdicos, al menos como referente, o incluso como existente utopía. Claro que la socialdemocracia solo será de nuevo esa soñada opción si consigue romper la dominación que los conservadores mantienen intacta en los mercados financieros e instituciones financieras a pesar de la crisis, de su crisis. En definitiva, sólo podrá volver a girar el rumbo de occidente si es capaz de crear algún tipo de contrapeso. Estoy convencido que el único camino posible es el de la coordinación internacional, el refuerzo de Europa bajo este prisma y la búsqueda de coaliciones globales. El ámbito internacional es además el único en el que es posible recuperar la credibilidad perdida, recuperar apoyo ahora desorientado, tanto ciudadano que deambula en los movimientos antisistema o anticapitalistas por un lado, o en esa especia de falso libertarismo que se aprovecha de las instituciones para destruirlas por el otro.

El capitalismo actual es inestable e injusto. El resultado de la revolución conservadora de Reagan y Thatcher es esta crisis que ha agrietado los cimientos de nuestra sociedad y que en España ha provocado la perdida de un ciclo completo de crecimiento, 14 años consecutivos desde 1993 hasta 2007 tirados a la basura. Todos somos responsables aunque algunos más que otros como los que echaron gasolina a la burbuja inmobiliaria cuando gobernaban y ahora vuelen a gobernar o dirigen entidades financieras como si nada, o los que las dirigían hasta el día de su hundimiento y ahora nos gobiernan sin haber reconocido ni siquiera la verdad de lo ocurrido. La brutal inercia que todavía nos domina muestra que seguimos por el mismo camino de perdición, sin crecimiento ni voluntad de propiciarlo, repitiendo errores, mutilando el crecimiento futuro -deducciones vivienda frente a I+D-, y practicando una falsa austeridad que puede acabar con occidente tal y como lo hemos conocido. Con todo soy optimista, esta locura no puede durar mucho,    reaccionaremos a tiempo y volveremos a confiar en nuestro viejo sistema europeo, el que bajo los principios de libertad, igualdad y fraternidad nos ha permitido alcanzar las mayores cotas de bienestar de toda la historia.
 

lunes, 12 de marzo de 2012

Tribuna publicada en el diario ABC el domingo 11 de marzo de 2012

CONSENSOS MACROECONÓMICOS


Alguien ha dicho con razón que lo único que queda del llamado consenso de Washington es el consenso que existe hoy acerca de lo equivocado que estaba. Algo parecido va a suceder con el imperfecto e inexistente consenso sobre la austeridad expansiva y el tozudo voluntarismo que ha intentado convencer a sociedades completas sobre la suficiencia de un cambio de gobierno para superar la crisis. Pues bien, no ha sido así en ninguno de los países europeos que lo han hecho –Grecia, Portugal o Reino Unido-, ni siquiera con Obama tras la catástrofe Bush ni parece que vaya a ser así en nuestro país a pesar de una legislatura completa de escapismo popular. La gran pregunta es que sucederá en Francia, incluso en Alemania, y como afectará lo que ocurra en estos dos países a la hoja ruta no tanto comunitaria, que también, sino de la zona euro a corto plazo.

Las dificultades de nuestra economía 4 meses después de la victoria del PP y 300.000 parados más obligan a todos a centrar la atención de una vez por todas sobre los problemas de fondo de nuestra economía, la española y la europea, sin demagogia. Y ello pueda hacerse separando la paja del trigo y subrayando los que yo llamo consensos macroeconómicos, sí, en grandes líneas.

Los ciudadanos españoles ya saben que los cambios de gobierno no son milagrosos y que la dura realidad obliga a los gobiernos, sean nuevos o veteranos, a tomar decisiones. Ya sabemos aunque algunos nunca dejamos de anunciarlo desde estas páginas que esta crisis tiene raíces globales, resultado de más de dos décadas de globalización descontrolada, integración financiera poco regulada y mal supervisada y de la sobredimensión de los mercados financieros. El que no lo sepa todavía se lo debe hacer mirar. Este debe ser el primer consenso básico.

El segundo consenso se centra en la peculiaridad de la economía española, su gran debilidad, el sobredimensionamiento del sector inmobiliario tornado en burbuja que durante esas dos décadas ha absorbido recursos y talento emprendedor mal orientado, endeudado a la población y, tras la crisis,  destruido empleo masivamente. Todo el ciclo 1993-2008 pecó de ello y por ello ignorar la responsabilidad compartida de toda la sociedad española sobre esta cuestión es engañar a la ciudadanía. Este es un consenso imperfecto porque, por ejemplo, la ministra de trabajo en su pobre discurso de este jueves en el debate sobre la reforma el mercado de trabajo se limitó a endosar en la cuenta del PSOE los millones de parados actuales obviando cualquier análisis de fondo y no digamos asunción de responsabilidad alguna en el desastre colectivo del susodicho ciclo. Utilizar como arma arrojadiza el máximo de paro de mañana frente al de hoy –porque seguirá creciendo- frente al mínimo histórico del 2007 con ZP –todos encantados con la burbuja- no sirve para nada.

El tercer consenso es más que preocupante aunque el gobierno se moleste y sus acólitos se empeñen en ocultarlo, la economía española caerá un 2 por 100 en 2012 y no crecerá en 2013, con lo que todo ello va a significar para el desempleo. El gobierno va a aprovechar esta tragedia para transformar el modelo de bienestar social, lo que la Constitución de 1978 llama economía social de mercado, a pesar de que poco tiene que ver con el origen de la crisis, el primer consenso, y lo va a hacer simplemente por razones ideológicas. Mariano Rajoy no es Margaret Thatcher aunque su legado quizás, veremos, se le pueda parecer. Una revancha ideológica con todas sus consecuencias que pretende alterar los equilibrios fundamentales y el consenso constitucional sobre la distribución de la renta y los elementos que configuran la todavía mas que imperfecta igualdad de oportunidades, vectores perfectamente compatibles con una mayor competitividad como tantos países europeos demuestran. Sin duda este no es el camino que nuestro país necesita durante este año y el que viene mientras el paro sube y se aproxima a los 6 millones. La cantinela de la herencia recibida no durará para siempre.

El cuarto consenso es el de la incapacidad europea, hoy, con sus instrumentos y la estrechez del tándem conservador Merkel–Sarkozy de liderar una salida solvente y creíble de la crisis para toda la zona euro. Ni Alemania ni Francia tienen nada que ver con esto, son los partidos que los gobiernan, ambos socios europeos del PP español, los que siguen negando la evidencia, no sólo alguno de los consensos anteriores sino la necesidad de poner en marcha políticas de crecimiento e inversión, alterar los calendarios de reducción del déficit más allá de 2013 y desplegar la batería de instrumentos que llevamos muchos años reclamando incluso cuando todavía gobernaba mi partido.

Tribuna publicada en el diario El Economista el sábado 10 de marzo de 2012

EL PACTO COJO (FISCAL)


El Consejo Europeo de la semana pasada ha consagrado el principio de austeridad fiscal impulsado por el tándem Merkel-Sarkozy, y lo ha hecho siguiendo un camino preocupante tanto por la forma como por el fondo.

Por la forma porque el acuerdo plasmado en un tratado internacional extracomunitario contiene un 99 por 100 de contenido que se podría haber alcanzado mediante legislación europea, desarrollando el Tratado de Lisboa, y un resto, digamos un 1 por 100, probablemente ilegal porque un tratado intergubernamental como éste exige que se elabore por una Convención Europea. Así mismo, el artículo 5 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea establece que los Estados miembros deben coordinar sus políticas económicas "dentro de la Unión", poniendo claramente en entredicho la legalidad del nuevo tratado.

La forma es importante también porque tal y como ha explicado incluso el Ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación español en sus dos comparecencias ante la Comisión de Asuntos Exteriores y la Comisión Mixta para la Unión Europea (UE) de las Cortes españolas la crisis que estamos viviendo es una crisis política. Política en sentido doble, por su origen basado en las décadas de desregulación provocada por decisiones políticas equivocas. Y en segundo lugar, política porque países con más deuda pública acumulada, más déficit  o similares problemas estructurales como el de nuestro ladrillo han campeado mucho mejor el temporal que los de la zona euro, por ejemplo Estados Unidos, el Reino Unido o Japón. Política por tanto porque son las dudas sobre el grado de compromiso del conjunto de los Estados miembros sobre el euro las que alientan a los especuladores a posicionarse contra la deuda soberana europea, y política porque los instrumentos europeos fiscales y monetarios de nuestra incompleta unión monetaria son insuficientes como Grecia demuestra día a tras día y como las primas de riesgo nos recuerdan en todo momento.

La forma es también importante porque el nuevo tratado internacional que al menos el Reino Unido no firmará constituye una grave afrenta al método comunitario y a la responsabilidad democrática. El método comunitario garantiza un enfoque común, un método de trabajo compartido de superación de diferencias teniendo en cuenta los intereses de todos los Estados miembros grandes o pequeños, ricos o pobres, los gobierne quien los gobierne. Esta es la base sobre la que se ha construido la Unión que no debe ponerse nunca en cuestión ni mucho menos bajo riesgo en interés de, por ejemplo, los deseos del directorio conservador franco-alemán que quizás tengas los días contados. Hay más problemas, el tratado apenas introduce novedad ni mejora alguna en materia de gobernanza económica y el papel previsto para el Parlamento Europeo es claramente insuficiente, por ejemplo.

El acuerdo sobre el nuevo tratado internacional extracomunitario de austeridad presupuestaria es también muy preocupante por el fondo. El debate de fondo, la preocupación principal y las graves dudas que generan las propuestas impuestas desde Berlín y París no están en el ámbito de la responsabilidad fiscal. Nadie discute, tampoco antes aunque se pretenda mostrar lo contrario, la importancia de la disciplina fiscal, si bien el problema más urgente es la amenaza del estancamiento económico o de una nueva recesión. Las políticas de austeridad impuestas por la derecha dominante europea van a acabar con toda posibilidad de crecimiento sin mantener a raya los déficits, porque si no lo hay, sin crecimiento, los déficits presupuestarios aumentan y no disminuyen.

La aprobación del tratado ha coincido con el anuncio español de una modificación en el ritmo de reducción del déficit. Una corrección en el buen camino pero que creo va ser insuficiente porque mantiene inalterado el 3 por 100 de objetivo de déficit para 2013 que debería ser postergado, esa es la verdadera negociación que necesita España, alcanzar el 3 por 100 más tarde, no en 2013, y porque olvida una vez más hablar de crecimiento. Crecimiento porque nuestra economía camina hacia cifras de paro desconocidas, una situación inédita de la que no saldremos sin generar oportunidades de crecimiento. La reducción drástica del déficit no sólo aleja cualquier posibilidad de recuperación sino que es lo peor para la credibilidad de nuestra deuda soberana a corto plazo. Credibilidad de la deuda y también de nuestra economía en su conjunto que se vería beneficiada si el Gobierno abandonara el discurso catastrofista de la herencia recibida que practica con exceso, y complementara sus principales reformas –financiera, presupuestaria y laboral-, todas procícilicas que no hacen sino ahondar la profundidad de la crisis  con políticas de crecimiento, y también si se olvidara de la agenda política doméstica arriesgándolo todo a la espera de, por ejemplo, las elecciones en Andalucía y también Asturias.

Esta carencia no es sólo española, el tratado internacional olvida toda mención al crecimiento y a la solidaridad, no hay nada de ello en el mismo, y por ello en Francia François Hollande ya ha anunciado que lo renegociará si resulta elegido Presidente de la República, mientras los alemanes del SPD han anunciado su voluntad de complementarlo con medidas de crecimiento, creación de empleo e inversión. También se ha solicitado que en un plazo de tiempo, por ejemplo unos 5 años, se comunitarice su contenido devolviendo sus instrumentos al ámbito del que nunca debían haber salido, al propio comunitario.

Queda mucho por hacer. Es preciso garantizar que las normas relativas a la deuda y al déficit dejen margen suficiente para tomar medidas preventivas coyunturales. Así mismo hay que lograr avances para crear mecanismos de solidaridad europea sobre la deuda soberana, ya sea mediante un nuevo fondo de amortización de la deuda o sobre la creación y emisión de eurobonos, para garantizar tipos de interés razonables y restablecer la confianza del mercado financiero, una confianza política que exige altura de miras. Tampoco podemos dejar de lado la creación de la tasa sobre transacciones financieras que contribuya a eliminar los déficits presupuestarios sin reducir drásticamente el gasto público, así como a financiar políticas europeas de inversión, competitividad y crecimiento. En definitiva un pacto que nace cojo que seguro deberemos corregir y complementar cuanto antes mejor.

martes, 7 de febrero de 2012

¡Gracias a todas y todos!
Gracias por vuestro apoyo, por los abrazos y besos, por esos mensajes tan emocionantes que habeis mandado. Me daís mucha fuerza para seguir esforzándome al máximo por el partido, por España y por Navarra. 

Como siempre, es el triunfo de un equipo. El del equipo "oficial" de Alfredo y el de cientos de personas que desinteresadamente nos han ayudado. Asistiendo y aportando ideas en las reuniones, enviándonos propuestas a través de la página de "rubalcaba38"...

Mirando a futuro, el trabajo que nos espera es ímprobo. Para hacer una oposición util, poder poner en marcha el nuevo modelo de partido, y las relaciones con Europa necesitamos la ayuda de todos. Prepararemos los cauces adecuados y os avisaremos.

Hasta ahora!

lunes, 30 de enero de 2012

TRIPLE CAMBIO DE PLANES, E IDEOLOGÍA



A medida que pasan los días el giro del Gobierno respecto a lo que defendió, prometió y planteó desde la oposición, campaña electoral e incluso debate de investidura parece más claro. No es éste un Gobierno que transmita una idea clara acerca de cómo quiere retornar al crecimiento, sin duda la principal prioridad económica en este momento, y por mucho tiempo a tenor de las escalofriantes previsiones de los últimos días. Es evidente que al Gobierno le cuesta todavía reconocer la profundidad de la crisis española que hunde sus raíces en las décadas de alegría inmobiliaria, y que combatir los déficit públicos, aunque sea imprescindible, no es sino arremeter contra una consecuencia de la crisis y no contra su origen. Una actitud que, además, compromete gravemente las posibilidades de crecimiento y retrasa la recuperación.

Dos semanas tardó el Gobierno en reventar su promesa de no subir impuestos, cuatro ha tardado en reconocer que el calendario de consolidación de las cuentas públicas españolas pactado con el resto de socios en la UE es misión imposible y que habrá que renegociarlo, y me atrevo a pronosticar que tardará no menos de dos o tres más en aplaudir iniciativas que contribuyan a incentivar el crecimiento económico y la creación de empleo para compensar el brutal efecto que el ajuste fiscal está teniendo sobre la economía europea. Tres grandes rectificaciones sobre los tres ejes que Mariano Rajoy rechazó y negó durante la campaña e incluso en el debate con el candidato del PSOE. No sirve, además, justificar el cambio en el ritmo de consolidación de las cuentas en las nuevas malísimas previsiones de crecimiento porque hasta hace dos semanas el partido del Gobierno, el PP, predicaba esa austeridad expansionista que nunca nadie ha sido capaz de verificar empíricamente en economía alguna. Todo el mundo sabe ya que realmente no se creían lo que presentaban como sus intenciones, conscientes, deberían serlo desde su contrastado conocimiento, de la estrecha relación que existe entre crecimiento e ingresos, y secretamente sabedores de que la austeridad expansionista es un misterio como otros de su gusto.

Así que la nueva agenda pseudo-socialdemócrata del PP, digo pseudo porque distribuye injustamente la carga fiscal y amenaza con redistribuir cada vez menos, va cobrando forma. Mala cosa. El Gobierno no ha comenzado todavía a amagar de verdad sobre sus intenciones de fondo respecto al modelo de bienestar. Lo hará. Su escaso compromiso todavía escondido con las políticas que garantizan la igualdad de oportunidades acabará emergiendo como buen gobierno de derechas, como bien nos recuerdan algunas de sus antenas más activas como son los ejecutivos de Castilla la Mancha o Madrid.

Creo que sin embargo este Gobierno va a llegar tarde. Por mucho que se esfuerce no va a ser capaz de tumbar los mecanismos que la sociedad
española ha construido en estos 30 años de democracia para garantizar unos mínimos de igualdad como ya intentó José María Aznar con aquella frustrada segunda transición. Lo harán si pueden, a pesar de estemos tan lejos todavía de sociedades más igualitarias como las escandinavas, los Países Bajos o la propia Alemania –la igualdad es un factor de competitividad-, en una foto preocupante en la que buena culpa de nuestra situación se debe a altísimo desempleo. El tándem Montoro-Guindos va a llegar tarde porque Europa ya está de vuelta, comienza a reaccionar, y aunque todavía sea sólo un reflejo tímido, veremos qué ocurre en las próximas elecciones en Francia o Alemania, ya se adivina también en las propuestas de Merkel y Sarkozy que cada vez asumen más principios y medidas de la socialdemocracia europea. Recordemos las propuestas que defendió Alfredo Peréz Rubalcaba en la campaña –nuevos impuestos pero otros, renegociación calendario ajuste fiscal, incentivos crecimiento, otra Europa, ayudas contratación jóvenes…-, y austeridad –el 50 por 100 del gasto público no es redistributivo y si no que se lo pregunten a los ciudadanos valencianos-.

En este contexto hemos ido conociendo otras propuestas políticas del Gobierno. Muchos tememos que para compensar el insostenible discurso económico de los últimos años en plena crisis europea, y una realidad en la que el recurso a la herencia recibida no cuela, este Gobierno deba calmar a sus más voraces seguidores con ideología de la buena. Así se entendería el retroceso en derechos de 30 años para las mujeres y de dos siglos en derecho penal que ha propuesto el ministro de justicia, dispuesto también a apartar la soberanía nacional del control del poder judicial para entregarlo a turbios, afines y muy conservadores intereses corporativos. En otros departamentos como el de interior sus titulares han comenzado a asomar la patita, veremos.

miércoles, 18 de enero de 2012

(Entrevista realizada por "El siglo", número 995, del 16 al 22 de enero de 2012)

Juan Moscoso, portavoz de la candidatura de Alfredo P. Rubalcaba a la Secretaría General del PSOE

“QUEREMOS COMBINAR CAMBIO Y UNIDAD”

Durante la pasada legislatura fue la voz de los socialistas en asuntos europeos en el Congreso de los Diputados. Acaba de renovar su acta en la Cámara Baja, y se ha convertido en uno de los principales portavoces de la candidatura de Alfredo Pérez Rubalcaba a la Secretaría General del PSOE. Apuesta por el exvicepresidente del Gobierno ponderando su experiencia y su capacidad de liderazgo.

—Por fin ha resultado inevitable la presentación de dos candidaturas a la Secretaría General del PSOE.
—Bueno, hay dos compañeros que han conseguido los avales, tal y como indican los estatutos. Podía haber sido un candidato, dos o tres. Es importante que haya debate y cierta confrontación de ideas y de proyectos.

—El debate entre los dos que se proponía desde la candidatura de Carme Chacón no se va a celebrar.
—Eso no es así. Nosotros no teníamos ningún problema en celebrar el debate. La dirección del partido es la que establece las normas del juego en el periodo precongresual y es la que ha decidido que no lo hubiera.

—Lo que sí parece claro es que el compromiso de ser neutral del todavía secretario general se está cumpliendo.
—Esa es la impresión que tengo yo.

—¿Por qué ha afirmado Rubalcaba que Chacón no es la solución?
—Ya ha explicado que si él pensara que ella es la solución, la habría apoyado, y no se hubiera presentado. Él, como yo y como muchos otros, hemos llegado al convencimiento de que la persona más capacitada para liderar el partido en esta nueva etapa de oposición, de construcción del mensaje y de reforma del partido es Alfredo Pérez Rubalcaba. Y por muchas razones, hace falta alguien con la solvencia y la credibilidad que él tiene, con su capacidad y su experiencia para dirigir organizar y equipos. No creo que haya una persona más preparada que él para dirigir el partido en estos momentos, y él cree que también es la persona que puede volver a hacer que el PSOE sea un partido ganador, que sea una alternativa real a la derecha en un tiempo razonable.

—Si Chacón no es la solución, estratégicamente, ¿cuál puede serla? ¿Cuál será el sentido de las reformas?
—Es el contenido del discurso y de las ideas que Alfredo está presentando por toda España estos días, y que se está enriqueciendo constantemente con ideas nuevas, con aportaciones de muchísimos militantes. Rubalcaba lo está explicando con mucha claridad. Primero, hace falta realizar una labor de oposición solvente, rigurosa que necesite el país, porque nuestros electores nos exigen una actitud distinta a la que le exigen los electores de derechas a la derecha; y una labor de oposición que sea buena para el partido, para reforzarlo. Hay que defender nuestro espacio político frente a la derecha; somos un partido de mayorías, un partido de gobierno, obligado a ser alternativa de gobierno.

—¿Dónde pueden radicar las diferencias fundamentales entre las dos candidaturas?
—Hay diferencias importantes en cuanto a las personas y los equipos. Alfredo lo ha dicho muchas veces: somos un partido de compañeros, no de adversarios, y compartimos una inmensa mayoría de objetivos, de principios y de ideales. Las diferencias hay que buscarlas, como en todos los liderazgos, en los perfiles de las personas, en la capacidad de liderar, en la experiencia, en la trayectoria y en la capacidad de ilusionar, tanto a los militantes, como a los ciudadanos. Los ciudadanos españoles saben que el único instrumento con el que cuentan como contrapeso a la derecha es el Partido Socialista. Es la única fuerza política de la izquierda que puede gobernar.

—En la candidatura de Carme Chacón creen que es necesario dar un giro a la izquierda. ¿Comparten ese punto de vista?
—Lo que ya comenzamos a hacer como partido, y personalizado por Alfredo durante la campaña electoral era una redefinición de nuestro mensaje, reforzando los elementos socialdemócratas que podían haber quedado desdibujados durante los años de Gobierno. Hay que recordar que en la campaña planteamos que en este momento económico tan difícil había que elevar impuestos, y dijimos cuáles había que elevar, no los que ha aumentado el PP. Entonces dejamos claro que existe una alternativa progresista y de izquierdas a las políticas de la derecha. Más que un giro a la izquierda, hay que recuperar y redefinir el carácter progresista y socialdemócrata de nuestras políticas, porque algunas de las que hicimos durante los años de Gobierno han contribuido a desdibujarnos, la debilitar la voz del partido en todo el territorio.

—¿Habrá una apertura hacia otras izquierdas, al menos durante el periodo de oposición?
—El PSOE siempre ha estado abierto a otras izquierdas; de hecho, durante los años de democracia hemos estado encantados de acoger a muchos compañeros y compañeras que venían de otras fuerzas de la izquierda, y en pactar con otros partidos de izquierda allí donde la suma con ellos permitía contraponer y parar a la derecha. Son otras fuerzas de izquierda las que no están dispuestas a hacerlo, como ha quedado demostrado en los últimos tiempos en Extremadura.
Y a escala europea, también. En el documento que hemos presentado, hacemos una apuesta clara por reforzar la presencia del PSOE en el Partido Socialista Europeo, por convertir a éste en un auténtico partido, con autoridad, con capacidad decisoria. Es en Europa donde la izquierda debe tomar decisiones de manera conjunta.

—El momento clave del declive del PSOE pudo estar en las políticas de ajuste aplicadas a partir de mayo de 2010. ¿Era posible haberlo hecho de otro modo?
—Ese es un debate importante; el debate de la autocrítica, de lo que se podía haber hecho y no se hizo, pero no es el debate que deba canalizar todo ahora. Lo importante es que entregamos el país al nuevo Gobierno elegido por los ciudadanos en una situación cualitativamente mucho mejor que otros países de nuestro entorno, como Grecia, Italia o Portugal, donde hubo intervención, y conseguimos acometer esta crisis de manera justa y sin retroceder en las políticas sociales y de bienestar. Ahora que llevamos un mes de Gobierno de la derecha, empezamos a ver que muchas cosas que el Ejecutivo anterior hizo, eran las razonables. Ese debate sobre lo que hicimos y lo que podíamos haber hecho es lo que nos ha llevado a la reflexión –y así lo incluimos en nuestros documentos– no solamente con la necesidad de que nuestras políticas estén más vinculadas con los principios progresistas que nos movilizan, sino también con la necesidad de contar con una verdadera plataforma europea; muchos de los problemas que vivimos en 2010 fueron resultado de la debilidad de los partidos progresistas en Europa –porque había muy pocos gobernando–, y también de la insuficiente coordinación. Hay que afrontar errores, pero no se trata de refundarnos, sino de reforzarnos y adaptarnos.

—¿Habrá unidad e integración de equipos, gane quien gane en el Congreso?
—Coincido con Alfredo en que haya unidad. Hemos vivido muchos congresos, pero dos han sido históricos: por un lado, el 28º bis, cuando Felipe González cambió el partido y lo convirtió en una fuerza alternativa de gobierno, en un partido creíble para los ciudadanos, como formación capaz, desde las instituciones –el único lugar desde el que se puede hacer–, de transformar la sociedad; y luego, el 35º Congreso, en el que ganó Zapatero, frente a otros tres candidatos, y que fue un congreso de unidad. Todo el partido se sintió identificado, y participó de manera intensa y activa en el nuevo proyecto que nos llevó al Gobierno y a un periodo de muchos éxitos políticos. Rubalcaba quiere, queremos combinar cambio y unidad.

—Planteaba la posible integración porque inmediatamente después del Congreso vienen
las elecciones en Andalucía.
—El partido tiene por delante varios retos. Unos urgentes, que son adaptar el discurso y reformar la estructura del partido para volver a ser alternativa de gobierno, y luego hay dos asuntos inmediatos: la lucha contra la crisis, ser una fuerza que contribuya a salir de la crisis de manera constructiva desde la oposición –no como hizo la derecha- y, por supuesto, Andalucía. Andalucía es fundamental por muchas razones; tenemos que mantener el gobierno; se ha convertido en un referente. El Gobierno de José Antonio Griñán está demostrando que existen diferentes maneras de abordar la crisis. El Gobierno andaluz no está recortando en políticas sociales, bienestar, dependencia, e incluso está reforzando Innovación e Investigación para apostar por un futuro distinto. Seguir gobernando Andalucía es fundamental para los ciudadanos de esa comunidad y para toda España, como referente de la alternativa viva que existe al Gobierno de la derecha.

martes, 17 de enero de 2012

Falsas percepciones.

Camino del primer mes de Gobierno, el poco trecho recorrido en 2012 ofrece un panorama inesperado, el de un Ejecutivo empeñado en transmitir una imagen diferente de la real, de lo que ya ha hecho y opuesta a la que pretendía ser y había anunciado durante el debate de investidura. En esta trampa de falsas percepciones, no sólo ha caído el Gobierno, sino también buena parte del coro mediático que lo acompaña, rompiendo en este corto trecho cualquier esquema objetivo previo.

¿Y si hubiera sido al revés?
Me pregunto qué habrían escrito muchos si el anterior Gabinete hubiera subido siete puntos el marginal del IRPF, concentrado la mayor subida fiscal de la democracia en las clases medias y en las rentas del trabajo, o adoptado un esquema de subida del IBI que elevará la contribución de los pisos relativamente más caros de los pueblos pobres y bajará las de los menos ricos de las localidades más prósperas de España. Seguro que grandes barbaridades, no menos sonrojantes que las loas y portadas sensacionalistas que hemos visto a tenor de la evolución del diferencial de la deuda española, la prima de riesgo, gracias a que por fin el BCE parece haber comenzado a hacer lo que debe.
La pregunta es por qué el BCE no lo hizo antes como pedíamos tantos, antes para así permitir ver la luz al final del largo túnel de la crisis de liquidez y apalancamiento, permitiendo que la banca se aleje del riesgo de quiebra y de paso permitiendo una pausa a la deuda soberana. La inyección de liquidez del BCE ha disparado la demanda en la subastas de deuda de los Tesoros español e italiano, entre otros, con repercusión clara en las primas de riesgo.

Promesa incumplida.
Es verdad que no recuerdo un cambio más drástico que el protagonizado por este Gobierno. El ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro, lo explicó el pasado miércoles en el Congreso de los Diputados rescatando de Wikipedia un supuesto discurso socialdemócrata de progresividad y equidad bañado en la recuperación del mito de la herencia recibida. No nos convenció porque no explicó qué sucedió entre la investidura del día 20 de diciembre y el Consejo de Ministros del 30 para hacer añicos el único compromiso claro del nuevo equipo, no elevar impuestos, repetido sin excepción hasta la extenuación por todo el PP durante años, desde Mariano Rajoy hasta el último militante.
Merece la pena también recordar lo que se dijo en mayo de 2010, cuando el Gobierno socialista, en unas condiciones muy distintas a las vigentes, cuando concurrió a las elecciones en 2008 y redactó su programa, tuvo que asumir un cambio radical en su agenda de Gobierno y emprendió un camino que acabó el día 20 de noviembre, el mismo en el que el PP ganó con una promesa clara para una realidad que, al contrario de lo que le sucedió al PSOE tras dos años, no ha cambiado en 10 días. Es la misma realidad, no nos engañen.
Hemos sabido también que la principal razón del ajuste fiscal encajado por la clase media, funcionarios y pensionistas ha sido la desviación del déficit de las CCAA, y lo ha sido en la semana en la que la Comunidad Valenciana ha sido en la práctica intervenida mientras otras, como por ejemplo Galicia, emiten señales más que preocupantes. La última rebaja de calificación de la deuda de algunas de ellas así lo corrobora, respaldada según la agencias por esos mismos datos que el Ejecutivo del mismo partido que las gobierna decía desconocer.

Perjudiucan a las clases medias.
Quizá el Gobierno, como Standard & Poor's, ha medido mal los tiempos. La rebaja general de las notas de S&P en Europa se produce cuando la acción del BCE parecía indicar una evolución de la deuda soberana en sentido contrario. Por ello, podría ser inoportuna y llegar tarde. El discurso del Gabinete español sobre la herencia resulta también no menos inoportuno, por poco creíble, tras todo lo que se dijo sobre la transmisión de poderes.
No desgranó Montoro en el Congreso las razones económicas que explicaban el conjunto del paquete de medidas aprobadas -es verdad que ése no es su Departamento-, procíclicas en las puertas de un nuevo periodo de recesión, injustas porque van a exprimir las rentas de la ya muy vapuleada clase media -los asalariados-, y preocupantemente mal orientadas respecto al modelo de crecimiento porque transmiten el mensaje de que el recorte en futuro -la I+D+i- se va a ver compensado con un regreso al pasado, al de otra herencia recibida tiempo atrás pero ésta de verdad, de carácter estructural y recibida por todos, la de la siniestra desgravación fiscal por adquisición de vivienda, injustificable aunque a muchos nos vaya a aliviar la liquidación del IRPF.
Al menos el PP ha llegado al discurso del reconocimiento de que la crisis existe -que se lo pregunten a Sarkozy tras lo de S&P-, lo cual pone en evidencia más si cabe las medidas adoptadas. La llamada austeridad expansionista que predicó Mariano Rajoy hasta el Consejo de Ministros del 30 de diciembre es un artificio de marketing construido por los think tanks conservadores, un viaje a ninguna parte al que este Gobierno llega mal y tarde. Mal porque no lo practica, porque sus medidas disfrazadas de fiscalidad socialdemócrata no son tales, porque todos sabemos bien que no hay nadie en los tramos más altos del IRPF y sí en los intermedios, en los que colectivos como los funcionarios o los pensionistas encajan varias medidas. Ambos grupos pierden poder adquisitivo tras la congelación de los salarios de los funcionarios y la subida por debajo de la inflación de las pensiones, combinadas con la elevación del IRPF, la subida del IBI, y el impacto de medidas destinadas a esas familias que reivindica pero no defiende el PP como la eliminación de ayudas previstas para los dependientes o la renta de emancipación para los jóvenes.

¿Quienes salen indemnes?
La subida de las pensiones va a costar 1.000 millones de euros para un colectivo que pagará 1.300 millones más con esta reforma del IRPF. Al menos, el PP ha entrado en el escenario que le planteamos desde el PSOE en los últimos años y en la campaña electoral, el de las subidas fiscales, pero nosotros proponíamos subir otros impuestos. Una pregunta: ¿va a elevar algún día el PP la fiscalidad de los profesionales que han migrado a la tributación por sociedades? Hay opulentos grupos sociales que salen indemnes de esta reforma.
Y llega tarde, porque la rebaja de calificación de la deuda de nueve países europeos -Francia pierde la triple A-, muestra el límite de la estrategia de austeridad sin incentivos al crecimiento. Por todo ello, menos imagen y más rigor en las explicaciones, porque rompiendo promesas y sin crecimiento no habrá recuperación de la confianza ni, por supuesto, del empleo.