lunes, 23 de abril de 2012

ESPERANDO A HOLLANDE

No recuerdo consenso alguno que haya estado tan oculto y silenciado como el que existe sobre el deseo de victoria electoral en las presidenciales francesas por François Hollande.   En la derecha española esta desorientación digamos "moral" es el mejor indicador de la frustración que siente tras los primeros 100 días de gobierno, 100 días que han servido para demostrar que no bastaba con cambiar de gobierno para que todo fuera mejor porque todo simplemente ha ido a peor.

Los presupuestos generales no han contentado a nadie, ni mercados, ni ciudadanos ni al propio gobierno. Un gobierno rehén de sus excesos verbales pasados que ha llegado a parecer estar sonado en una jornada aciaga que nunca olvidaremos gracias a la escena de la huida por el garaje. Mercados desconcertados por la concatenación de anuncios y filtraciones improvisadas que demuestran que no había otro plan que el recambio presidencial convencidos de que con ello bastaría. Un viejo error conservador ese de considerar que su vuelta a su posición natural basta, al fin y al cabo suyo es el poder, sin tener que presentar u ofrecer proyecto alguno. O más bien incluso, después de haber prometido y haber traicionado todo lo dicho bajo el único argumento de la herencia recibida. Todo lo decidido ha sido negado por el gobierno en primera persona incluso en el día de su filtración como el copago sanitario, la subida de las tasas universitarias y el resto de medidas de estos últimos días.

El retraso de los presupuestos para intentar salvar a Javier Arenas en Andalucía no sirvió para ello sino para debilitar la confianza en nuestro país y en nuestra economía en todo el mundo. Un grave error eso de poner los intereses del PP por delante de los colectivos, exactamente lo contrario de lo que hizo el anterior gobierno. Para compensar ese retraso, el gobierno pensó que tranquilizaría a Bruselas con la reforma laboral, reforma que difícilmente podía exigir nadie tal y como ya es porque en Europa nadie la aplica pero que alguien se había empeñado en realizar en aspectos varios ajenos al problema de productividad de nuestra economía. Existe tal sesgo ideológico sobre la cuestión sindical en nuestro país que se ignora cual es la realidad en materia de negociación colectiva en países como Alemania. Y se lo dice un diputado de Pamplona donde la factoría de Volskwagen de Landaben ha logrado ser puntera en el mundo gracias a lo pactado entre dirección y trabajadores -con la denostada legislación anterior- con las mismas prácticas que lograron en 2008 salvar un sector -el del automóvil- que muchos daban por amortizado tras algunas sonoras quiebras sobretodo en los EE.UU.
Dar la cara no es exigir demasiado, es la obligación de todo gobernante para evitar daños mayores, los que se derivan de la improvisación, la adopción de medidas sin explicación, debate o reflexión alguna. No había plan, demasiados se creyeron su mentira y ahora tenemos un gobierno que ha desaprovechado su
arrancada para ganar confianza. Se ha desperdiciado una oportunidad irrepetible y fundamental, un error que perjudica a todos. Se puede hablar incluso de gran chapuza.

Esa combinación de medidas improvisadas sazonadas con desfases ideológicos, mientras se emiten señales que no hacen sino agudizar la intranquilidad en la calle y también en los mercados ha logrado lo que parecía imposible: todo está cada vez mucho peor. Y por eso en la calle Génova sueñan con la victoria de Hollande. Sólo la victoria de Hollande puede evitar que las políticas lideradas por Alemania con la sumisión de Sarkozy y de todo el PP europeo nos lleven al desastre. El problema es que nadie en el PP se atreve a decirlo en público como hacen, por ejemplo, cuando toca sacar ideología de la peor para tapar el desastre económico. Hollande exige un papel distinto para el BCE con una clara orientación hacia el crecimiento y empleo y para generar la liquidez necesaria para salir de esta crisis. El BCE debe poder prestar también a los Estados miembros y reconsiderar la decisión de no prestar más vía LTROS porque aunque entre sus objetivos no esté el de salvar bancos privados, si no lo hace todos sabemos que el sistema financiero simplemente, primero, se secará  del todo, y después, incluso colapsará. Y además todos sabemos que la principal causa de mortalidad empresarial no es la regulación laboral sino la falta de crédito y liquidez.

Hollande promete más Europa, eurobonos y verdadera solidaridad, un compromiso europeísta con la tasa de transacciones financieras que supere el corto vuelo de los intereses nacionales centrados en el saldo y poco más. Se ha comprometido también a complementar el Tratado de Estabilidad y Gobernanza con medidas de crecimiento y creación de empleo. Por eso hace  falta Hollande, nadie cree ya en las recetas de Merkel pero nadie tampoco se atreve a decírselo y eso que no hay nada peor para Alemania y para Europa que un liderazgo alemán excesivo y  que encima acabe mal. Mientras, Sarkozy agita Schengen para intentar salvar la primera vuelta, progresistas y también desnortados conservadores confiamos en la victoria de los socialistas franceses para afrontar el futuro con garantías, crecimiento, bienestar y mucha Europa. Y, mientras, algunos hablan de la crisis de la izquierda, será que nos exigimos demasiado.

martes, 17 de abril de 2012


 

100 DÍAS COMO 100 NOCHES

 




Tribuna publicada en el periódico "Diario de Navarra" el martes 17 de abril de 2012.

La memoria humana es corta y por ello nuestra especie tiende a repetir errores. Por ejemplo el que se produce cuando la soberbia y el orgullo impiden valorar con objetividad la realidad de las cosas. Y ocurre también cuando las estrategias electorales se convierten en un mantra. Pues bien, a pesar de que durante años se repitiera sin cesar que el problema de nuestro país se limitaba a un solo hecho, la gestión de José Luis Rodríguez Zapatero como Presidente de Gobierno, 100 días han sido suficientes para desmontar esa gran mentira que sin embargo tan buenos réditos electorales dio al Partido Popular (PP). Nunca antes en la España democrática un Gobierno había desaprovechado de esta manera sus primeros 100 días, y nunca antes tampoco había transmitido tan pronto a los ciudadanos la sensación de desorientación y pérdida de rumbo que ha mostrado estos últimos días. Es inevitable pensar que el principal sorprendido es el propio Gobierno, probablemente, como decía antes, el primer gran convencido de que bastaba sacar al gobierno anterior para que las cosas comenzaran a cambiar, de la noche a la mañana, gracias a la superioridad intelectual, moral y técnica de los intrépidos miembros del equipo del Presidente Rajoy. Pues no, y creo que hay dos elementos que resumen muy bien lo sucedido: los resultados electorales en Andalucía y Asturias y la prima de riesgo. Andalucía y Asturias han demostrado que el Gobierno debe abandonar el discurso de la herencia recibida porque ya no cuela. Ha debido ser muy duro comprobar que casi medio millón de andaluces que votaron al PP en noviembre no lo hacían en marzo, en un inmenso porcentaje aterrorizados por el Gobierno que han conocido durante apenas 2 meses y medio. La situación en los mercados con la prima disparada tras la presentación de los Presupuestos Generales ha puesto en evidencia la actitud del PP, que fue insolidario y negligente cuando el Gobierno anterior tuvo que adoptar decisiones muy difíciles, y que ahora comprueba que sus medidas son peor recibidas que las que tanto criticó, y no lo digo yo lo dice toda la prensa internacional. Pero claro, está la herencia recibida, esa crisis internacional provocada por Zapatero que acabó con la mitad de la banca privada mundial, que ha provocado que ningún Gobierno sea reelegido en Europa desde hace varios años –ahora toca Sarkozy-, combinada con esas aldeas rebeldes derrochonas e incontrolables que son las Comunidades Autónomas donde tampoco nunca gobernó el PP. El discurso se ha agotado en 100 días con un presupuesto demagógicamente retrasado en interés del PP que no de nuestro país para intentar gobernar en Andalucía y Asturias, objetivo inútil porque políticamente estaba descontado, y que sólo ha servido para generar desconfianza sobre nuestra economía en los mercados. Claro que 100 días como 100 noches han servido para conocer las intenciones del PP en todo lo que ocultó y negó durante sus años de precampaña y después campaña. Menos derechos para mujeres y trabajadores, recuperación de la moral dictada por la Iglesia Católica para todos y no sólo para los que siguen ese credo, o el retorno del ladrillo como desgravación y a la costas españolas. Más impuestos sólo para los trabajadores, amnistía fiscal para algunos pocos y recortes en sanidad y educación públicas a pesar de lo que dicen los vídeos de María Dolores de Cospedal colgados en Youtube. Una reforma laboral que dinamita el modelo constitucional de diálogo y de relaciones laborales entre empresarios y trabajadores diseñada para facilitar el despido. Y esperpentos como el del ministro de justicia que pretende volver a incluir el aborto en el código penal para acabar con una supuesta violencia estructural contra la maternidad mientras su gobierno en la citada reforma elimina bonificaciones por baja maternal en la seguridad social, proscribe la capacidad de negociar vía convenio los permisos de lactancia, introduce el despido objetivo por enfermedad justificada, o mantiene el recurso en el Tribunal Constitucional contra la Ley de Igualdad. Claro, que con esta herencia…

martes, 10 de abril de 2012

 

Crisis hasta del capitalismo




Tribuna publicada en el diario ABC el domingo 8 de abril de 2012. 

Aunque no tenga mucho que ver, que también, el rápido aterrizaje en la realidad del Gobierno del Partido Popular forma parte del preocupante panorama económico internacional que angustia cada vez mas a las sociedades occidentales, las que antes llamábamos desarrolladas.

Las democracias europeas están sufriendo en exceso por culpa de su exasperante incapacidad para reaccionar no sólo a largo plazo, por ejemplo redefiniendo a escala europea y de una vez por todas su gobernanza economica creando un verdadero gobierno económico con capacidad fiscal plena y con un banco central europeo a la altura de lo que nos estamos jugando, sino incluso a corto plazo donde domina la incapacidad y el castigo al ciudadano, medidas que peligrosamente sólo responden a la revancha ideológica o incluso al experimento. En el primer grupo un buen ejemplo es la discusión sobre el próximo marco financiero para la Unión Europea para el periodo 2014-2020 que se está desarrollando como si Europa no se jugara nada en ello y sin la más mínima voluntad ni capacidad de lograr algo que pueda realmente contribuir a esa Europa sin la cual simplemente nos iremos al garete. A tan poca altura de miras en el medio y largo plazo el corto plazo contribuye con medidas, como en España, por ejemplo en el mercado de trabajo, donde bajo la falsa excusa de flexibilizar donde no hacía falta dinamitan el modelo de conciliación familiar, los permisos de lactancia, las bonificaciones por baja maternal o la protección de las embarazadas mientras el ministro de justicia se permite hablar de violencia estructural contra la maternidad, toma ya. El experimento de la amnistía fiscal como vía para rescatar fraude, incentivar el blanqueo o incluso operar como IVA súper-reducido -algunos lo harán- solo sirve para profundizar la desconfianza en las instituciones. Ambos tipos de medidas son un paso más, en este caso exclusivo de una manera de entender la realidad populista y de derechas, hacia el desapego de las clases medias. El siguiente paso puede ser la decadencia de esta clase en Europa y en los Estados Unidos con el consiguiente riesgo para la democracia liberal occidental que hemos conocido desde la segunda mitad del siglo XX. Las clases medias son el principal anclaje de la democracia liberal, ha escrito estos días Fukuyama. Pues bien, la inexistente austeridad expansionista que se practica ahora puede acabar con ellas, algo que no logró ni la extinta Unión Soviética.

En la prensa económica internacional de indudable sesgo promercado no se duda ya de que es muy difícil argumentar en contra de que el capitalismo tal y como lo conocemos hoy en día es el problema. Frente al populismo de derechas la socialdemocracia incluso, podemos decirlo, keynesiana, presenta al menos una vía para construir esa sociedad de clases medias que esta crisis está destruyendo. Frente a lo que ocurre en los Estados Unidos, no sé si como ejemplo adelantado, con ese ejercito de desposeídos y fanáticos  religiosos cada vez más alejados del esquema de democracia liberal, los europeos podemos plantear el modelo de los países nórdicos, al menos como referente, o incluso como existente utopía. Claro que la socialdemocracia solo será de nuevo esa soñada opción si consigue romper la dominación que los conservadores mantienen intacta en los mercados financieros e instituciones financieras a pesar de la crisis, de su crisis. En definitiva, sólo podrá volver a girar el rumbo de occidente si es capaz de crear algún tipo de contrapeso. Estoy convencido que el único camino posible es el de la coordinación internacional, el refuerzo de Europa bajo este prisma y la búsqueda de coaliciones globales. El ámbito internacional es además el único en el que es posible recuperar la credibilidad perdida, recuperar apoyo ahora desorientado, tanto ciudadano que deambula en los movimientos antisistema o anticapitalistas por un lado, o en esa especia de falso libertarismo que se aprovecha de las instituciones para destruirlas por el otro.

El capitalismo actual es inestable e injusto. El resultado de la revolución conservadora de Reagan y Thatcher es esta crisis que ha agrietado los cimientos de nuestra sociedad y que en España ha provocado la perdida de un ciclo completo de crecimiento, 14 años consecutivos desde 1993 hasta 2007 tirados a la basura. Todos somos responsables aunque algunos más que otros como los que echaron gasolina a la burbuja inmobiliaria cuando gobernaban y ahora vuelen a gobernar o dirigen entidades financieras como si nada, o los que las dirigían hasta el día de su hundimiento y ahora nos gobiernan sin haber reconocido ni siquiera la verdad de lo ocurrido. La brutal inercia que todavía nos domina muestra que seguimos por el mismo camino de perdición, sin crecimiento ni voluntad de propiciarlo, repitiendo errores, mutilando el crecimiento futuro -deducciones vivienda frente a I+D-, y practicando una falsa austeridad que puede acabar con occidente tal y como lo hemos conocido. Con todo soy optimista, esta locura no puede durar mucho,    reaccionaremos a tiempo y volveremos a confiar en nuestro viejo sistema europeo, el que bajo los principios de libertad, igualdad y fraternidad nos ha permitido alcanzar las mayores cotas de bienestar de toda la historia.
 

lunes, 12 de marzo de 2012

Tribuna publicada en el diario ABC el domingo 11 de marzo de 2012

CONSENSOS MACROECONÓMICOS


Alguien ha dicho con razón que lo único que queda del llamado consenso de Washington es el consenso que existe hoy acerca de lo equivocado que estaba. Algo parecido va a suceder con el imperfecto e inexistente consenso sobre la austeridad expansiva y el tozudo voluntarismo que ha intentado convencer a sociedades completas sobre la suficiencia de un cambio de gobierno para superar la crisis. Pues bien, no ha sido así en ninguno de los países europeos que lo han hecho –Grecia, Portugal o Reino Unido-, ni siquiera con Obama tras la catástrofe Bush ni parece que vaya a ser así en nuestro país a pesar de una legislatura completa de escapismo popular. La gran pregunta es que sucederá en Francia, incluso en Alemania, y como afectará lo que ocurra en estos dos países a la hoja ruta no tanto comunitaria, que también, sino de la zona euro a corto plazo.

Las dificultades de nuestra economía 4 meses después de la victoria del PP y 300.000 parados más obligan a todos a centrar la atención de una vez por todas sobre los problemas de fondo de nuestra economía, la española y la europea, sin demagogia. Y ello pueda hacerse separando la paja del trigo y subrayando los que yo llamo consensos macroeconómicos, sí, en grandes líneas.

Los ciudadanos españoles ya saben que los cambios de gobierno no son milagrosos y que la dura realidad obliga a los gobiernos, sean nuevos o veteranos, a tomar decisiones. Ya sabemos aunque algunos nunca dejamos de anunciarlo desde estas páginas que esta crisis tiene raíces globales, resultado de más de dos décadas de globalización descontrolada, integración financiera poco regulada y mal supervisada y de la sobredimensión de los mercados financieros. El que no lo sepa todavía se lo debe hacer mirar. Este debe ser el primer consenso básico.

El segundo consenso se centra en la peculiaridad de la economía española, su gran debilidad, el sobredimensionamiento del sector inmobiliario tornado en burbuja que durante esas dos décadas ha absorbido recursos y talento emprendedor mal orientado, endeudado a la población y, tras la crisis,  destruido empleo masivamente. Todo el ciclo 1993-2008 pecó de ello y por ello ignorar la responsabilidad compartida de toda la sociedad española sobre esta cuestión es engañar a la ciudadanía. Este es un consenso imperfecto porque, por ejemplo, la ministra de trabajo en su pobre discurso de este jueves en el debate sobre la reforma el mercado de trabajo se limitó a endosar en la cuenta del PSOE los millones de parados actuales obviando cualquier análisis de fondo y no digamos asunción de responsabilidad alguna en el desastre colectivo del susodicho ciclo. Utilizar como arma arrojadiza el máximo de paro de mañana frente al de hoy –porque seguirá creciendo- frente al mínimo histórico del 2007 con ZP –todos encantados con la burbuja- no sirve para nada.

El tercer consenso es más que preocupante aunque el gobierno se moleste y sus acólitos se empeñen en ocultarlo, la economía española caerá un 2 por 100 en 2012 y no crecerá en 2013, con lo que todo ello va a significar para el desempleo. El gobierno va a aprovechar esta tragedia para transformar el modelo de bienestar social, lo que la Constitución de 1978 llama economía social de mercado, a pesar de que poco tiene que ver con el origen de la crisis, el primer consenso, y lo va a hacer simplemente por razones ideológicas. Mariano Rajoy no es Margaret Thatcher aunque su legado quizás, veremos, se le pueda parecer. Una revancha ideológica con todas sus consecuencias que pretende alterar los equilibrios fundamentales y el consenso constitucional sobre la distribución de la renta y los elementos que configuran la todavía mas que imperfecta igualdad de oportunidades, vectores perfectamente compatibles con una mayor competitividad como tantos países europeos demuestran. Sin duda este no es el camino que nuestro país necesita durante este año y el que viene mientras el paro sube y se aproxima a los 6 millones. La cantinela de la herencia recibida no durará para siempre.

El cuarto consenso es el de la incapacidad europea, hoy, con sus instrumentos y la estrechez del tándem conservador Merkel–Sarkozy de liderar una salida solvente y creíble de la crisis para toda la zona euro. Ni Alemania ni Francia tienen nada que ver con esto, son los partidos que los gobiernan, ambos socios europeos del PP español, los que siguen negando la evidencia, no sólo alguno de los consensos anteriores sino la necesidad de poner en marcha políticas de crecimiento e inversión, alterar los calendarios de reducción del déficit más allá de 2013 y desplegar la batería de instrumentos que llevamos muchos años reclamando incluso cuando todavía gobernaba mi partido.

Tribuna publicada en el diario El Economista el sábado 10 de marzo de 2012

EL PACTO COJO (FISCAL)


El Consejo Europeo de la semana pasada ha consagrado el principio de austeridad fiscal impulsado por el tándem Merkel-Sarkozy, y lo ha hecho siguiendo un camino preocupante tanto por la forma como por el fondo.

Por la forma porque el acuerdo plasmado en un tratado internacional extracomunitario contiene un 99 por 100 de contenido que se podría haber alcanzado mediante legislación europea, desarrollando el Tratado de Lisboa, y un resto, digamos un 1 por 100, probablemente ilegal porque un tratado intergubernamental como éste exige que se elabore por una Convención Europea. Así mismo, el artículo 5 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea establece que los Estados miembros deben coordinar sus políticas económicas "dentro de la Unión", poniendo claramente en entredicho la legalidad del nuevo tratado.

La forma es importante también porque tal y como ha explicado incluso el Ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación español en sus dos comparecencias ante la Comisión de Asuntos Exteriores y la Comisión Mixta para la Unión Europea (UE) de las Cortes españolas la crisis que estamos viviendo es una crisis política. Política en sentido doble, por su origen basado en las décadas de desregulación provocada por decisiones políticas equivocas. Y en segundo lugar, política porque países con más deuda pública acumulada, más déficit  o similares problemas estructurales como el de nuestro ladrillo han campeado mucho mejor el temporal que los de la zona euro, por ejemplo Estados Unidos, el Reino Unido o Japón. Política por tanto porque son las dudas sobre el grado de compromiso del conjunto de los Estados miembros sobre el euro las que alientan a los especuladores a posicionarse contra la deuda soberana europea, y política porque los instrumentos europeos fiscales y monetarios de nuestra incompleta unión monetaria son insuficientes como Grecia demuestra día a tras día y como las primas de riesgo nos recuerdan en todo momento.

La forma es también importante porque el nuevo tratado internacional que al menos el Reino Unido no firmará constituye una grave afrenta al método comunitario y a la responsabilidad democrática. El método comunitario garantiza un enfoque común, un método de trabajo compartido de superación de diferencias teniendo en cuenta los intereses de todos los Estados miembros grandes o pequeños, ricos o pobres, los gobierne quien los gobierne. Esta es la base sobre la que se ha construido la Unión que no debe ponerse nunca en cuestión ni mucho menos bajo riesgo en interés de, por ejemplo, los deseos del directorio conservador franco-alemán que quizás tengas los días contados. Hay más problemas, el tratado apenas introduce novedad ni mejora alguna en materia de gobernanza económica y el papel previsto para el Parlamento Europeo es claramente insuficiente, por ejemplo.

El acuerdo sobre el nuevo tratado internacional extracomunitario de austeridad presupuestaria es también muy preocupante por el fondo. El debate de fondo, la preocupación principal y las graves dudas que generan las propuestas impuestas desde Berlín y París no están en el ámbito de la responsabilidad fiscal. Nadie discute, tampoco antes aunque se pretenda mostrar lo contrario, la importancia de la disciplina fiscal, si bien el problema más urgente es la amenaza del estancamiento económico o de una nueva recesión. Las políticas de austeridad impuestas por la derecha dominante europea van a acabar con toda posibilidad de crecimiento sin mantener a raya los déficits, porque si no lo hay, sin crecimiento, los déficits presupuestarios aumentan y no disminuyen.

La aprobación del tratado ha coincido con el anuncio español de una modificación en el ritmo de reducción del déficit. Una corrección en el buen camino pero que creo va ser insuficiente porque mantiene inalterado el 3 por 100 de objetivo de déficit para 2013 que debería ser postergado, esa es la verdadera negociación que necesita España, alcanzar el 3 por 100 más tarde, no en 2013, y porque olvida una vez más hablar de crecimiento. Crecimiento porque nuestra economía camina hacia cifras de paro desconocidas, una situación inédita de la que no saldremos sin generar oportunidades de crecimiento. La reducción drástica del déficit no sólo aleja cualquier posibilidad de recuperación sino que es lo peor para la credibilidad de nuestra deuda soberana a corto plazo. Credibilidad de la deuda y también de nuestra economía en su conjunto que se vería beneficiada si el Gobierno abandonara el discurso catastrofista de la herencia recibida que practica con exceso, y complementara sus principales reformas –financiera, presupuestaria y laboral-, todas procícilicas que no hacen sino ahondar la profundidad de la crisis  con políticas de crecimiento, y también si se olvidara de la agenda política doméstica arriesgándolo todo a la espera de, por ejemplo, las elecciones en Andalucía y también Asturias.

Esta carencia no es sólo española, el tratado internacional olvida toda mención al crecimiento y a la solidaridad, no hay nada de ello en el mismo, y por ello en Francia François Hollande ya ha anunciado que lo renegociará si resulta elegido Presidente de la República, mientras los alemanes del SPD han anunciado su voluntad de complementarlo con medidas de crecimiento, creación de empleo e inversión. También se ha solicitado que en un plazo de tiempo, por ejemplo unos 5 años, se comunitarice su contenido devolviendo sus instrumentos al ámbito del que nunca debían haber salido, al propio comunitario.

Queda mucho por hacer. Es preciso garantizar que las normas relativas a la deuda y al déficit dejen margen suficiente para tomar medidas preventivas coyunturales. Así mismo hay que lograr avances para crear mecanismos de solidaridad europea sobre la deuda soberana, ya sea mediante un nuevo fondo de amortización de la deuda o sobre la creación y emisión de eurobonos, para garantizar tipos de interés razonables y restablecer la confianza del mercado financiero, una confianza política que exige altura de miras. Tampoco podemos dejar de lado la creación de la tasa sobre transacciones financieras que contribuya a eliminar los déficits presupuestarios sin reducir drásticamente el gasto público, así como a financiar políticas europeas de inversión, competitividad y crecimiento. En definitiva un pacto que nace cojo que seguro deberemos corregir y complementar cuanto antes mejor.

martes, 7 de febrero de 2012

¡Gracias a todas y todos!
Gracias por vuestro apoyo, por los abrazos y besos, por esos mensajes tan emocionantes que habeis mandado. Me daís mucha fuerza para seguir esforzándome al máximo por el partido, por España y por Navarra. 

Como siempre, es el triunfo de un equipo. El del equipo "oficial" de Alfredo y el de cientos de personas que desinteresadamente nos han ayudado. Asistiendo y aportando ideas en las reuniones, enviándonos propuestas a través de la página de "rubalcaba38"...

Mirando a futuro, el trabajo que nos espera es ímprobo. Para hacer una oposición util, poder poner en marcha el nuevo modelo de partido, y las relaciones con Europa necesitamos la ayuda de todos. Prepararemos los cauces adecuados y os avisaremos.

Hasta ahora!