miércoles, 3 de abril de 2013


Incertidumbre global.




Artículo aparecido en "Sesión de Control" el viernes, 1 de abril de 2013.


La crisis económica que está cebándose con los países mas desarrollados, en particular con los europeos, está acelerando los cambios geopolíticos que comenzaron a definirse antes de la llegada de la crisis.
La debilidad europea provocada por la dogmática imposición por Alemania -y sus satélites- de unas recetas económicas incompatibles, no ya con el crecimiento sino con el mantenimiento de un mínimo de orgullo internacional, están provocando el derrumbe del marco internacional construido bajo el modelo normativo de las democracia parlamentarias europeas.
A pesar de que los Estados Unidos del presidente Barack Obama confían en consolidar su recuperación sustentada en una combinación de políticas fiscales y monetarias opuestas a las que Angela Merkel impone en Europa con tanta autoridad como escasa pericia tal -como ha demostrado la crisis chipriota-, la autoridad moral europea está bajo mínimos y eso se nota en la aceleración de las transformaciones lideradas por otros países.
Ejemplos no faltan. En pocos días hemos conocido varios hechos que verifican esta tendencia.
El primer ejemplo, el bloqueo en unas Naciones Unidas de nuevo muy débiles por su incapacidad para acometer decisión alguna respecto a Siria, del tratado internacional sobre comercio de armas por la propia Siria junto a Irán y Corea del Norte.
Los tres, protagonistas voluntarios de las tres peores crisis -nucleares, humanitarias, de derechos humanos- que padece la comunidad internacional. Que semejante terna sea capaz de bloquear la instauración global de controles sobre la venta de armas, que con la legislación actual llegan sin problema alguno a países en guerra, regiones en las que se producen gravísimas violaciones de los derechos humanos, matanzas y genocidios, muestra una vez más la debilidad del sistema.
El segundo ejemplo lo constituye el anuncio de los cinco BRICS -Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica- de seguir con su plan de creación de un banco de desarrollo sur-sur que también tenga capacidad de actuación en el ámbito monetario para reemplazar paulatinamente el papel que el Banco Mundial y el FMI desempeñan, al menos en su ámbito inmediato de influencia, que no es poco.
A pesar de las duda que ofrece un proyecto todavía poco definido hay que recordar que en conjunto representan el 45% de la población mundial y el 21% del PIB.
La incertidumbre en el entorno global y en el orden internacional, que sin duda debe cambiar, evolucionar y consolidar tantos objetivos todavía lejanos, se concentra no tanto en el cambio como en la dirección que está tomando.
Lo preocupante es que el discurso claramente antioccidental que se escucha con cada vez más frecuencia se produce en un momento de profunda debilidad europea.
Europa, principalmente, y los Estados Unidos, con luces y sombras, han exportado durante el último siglo un esquema normativo de democracia, economía de mercado y derechos humanos que constituía el único camino hacia el desarrollo y la consolidación democrática. Hoy ya no es así.
Los errores occidentales antes -pero también después- del final de la Guerra Fría -apoyo a dictaduras, imposición del consenso de Washington, arbitrariedad en el respeto del derecho internacional como en Irak- combinados con la irrupción de nueva rutas hacia el crecimiento, la prosperidad e incluso la opulencia como la que marca China, han acelerado esos cambios.
Por eso hoy es cada vez más frecuente observar que los países que más crecen, e incluso los que a más gente sacan de la pobreza, lo hacen a ritmos superiores incluso a los que la revolución industrial sacó en el norte de Europa. Y a pesar de ello son países que políticamente divergen radicalmente del paradigma democrático europeo.
Así, la primavera árabe ha instaurado partidos islamistas con escasa sensibilidad hacia el respeto de la libertad religiosa, la igualdad de género y algunos derechos humanos fundamentales no menos graves que los que las dictaduras derrocadas tampoco respetaban.
En muchas regiones triunfan movimientos y partidos con inequívoca vocación de convertirse, si no lo son ya, en partidos únicos, con evidente menosprecio de las más elementales nociones democráticas como son la separación de poderes, el respeto al espacio de la oposición, el escaso compromiso con la vigilancia de los derechos humanos y mucho menos con los mecanismos internacionales de control de los mismos, o su cada vez más alegre defensa o aplicación de la pena de muerte. Por ejemplo los países del ALBA quieren debilitar -sino salirse- el Sistema Interamericano de Derechos Humanos de la OEA.
La separación entre izquierda y derecha se disipa porque el creciente populismo permite combinar el nepotismo económico y el control por unas élites de la economía y de sus instituciones de mercado, como la inmensa mayoría de empresas, con políticas de redistribución efectivas pero también arbitrarias, opacidad pública y confusión absoluta respecto a los símbolos del Estado -civiles, confesionales, a veces disparatados-.
Frente al modelo chino Rusia es una democracia casi perfecta, como lo son también en esta nueva escala de valores el resto de los BRICS y países emergentes que tras décadas de oscuridad están logrando sacar a porcentajes importantes de su población de la pobreza.
Así las cosas Europa, la Unión Europea no sólo ve cómo su estrella pierde brillo e intensidad en el mundo, sino incluso en su interior. La insolidaridad del norte con el sur y la extensión desde la cancillería alemana de esa demencial idea destructiva de que el norte es la virtud y de que el sur merece lo que está sufriendo y mucho más, supone la aplicación a la propia Europa de la peor medicina que los europeos hemos repartido por el mundo en nuestros peores momentos.
Algo que, por supuesto, refuerza la decadencia de nuestra influencia global en perjuicio de todos nosotros, los europeos del norte y los europeos del sur, y también ellos.

lunes, 18 de marzo de 2013


La deriva europea



Artículo aparecido en "Sesión de Control" el viernes, 15 de marzo de 2013.

Los resultados electorales en Italia muestran la gravedad del problema que genera la imposibilidad de justificar democráticamente la principal parte de las políticas económicas que se ponen en marcha en los diferentes Estados miembros. La deriva que la gobernanza económica está adoptando en Europa es muy peligrosa. Al día siguiente de las elecciones apareció un teletipo que decía: Europa —o Bruselas, como si hubiese algún tipo de ente distinto al que la soberanía popular puede representar— prefiere una coalición entre Bersani y Berlusconi.

Yo me pregunté: ¿quién es esta Bruselas o quién es esta Europa que prefiere esa coalición y no otra? ¿Quién ha hablado, quién la ha elegido? Porque, ¿no corresponde a los italianos decidir quién gobernará en Italia? Hay que seguir insistiendo mucho en la democratización y profundización de Europa, de la Unión, porque solo en los parlamentos nacionales y en el Parlamento Europeo reside la soberanía popular.

Desde hace un tiempo se han adoptado decisiones muy importantes y de hondo calado: se aprobó el semestre europeo, se ha aprobado el llamado ‘six-pack’ (el paquete de seis directivas relativas a la gobernanza fiscal), se han puesto en marcha medidas de supervisión macroeconómica y también en las Cortes, en el Pleno, se aprobó el Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza de la Unión Económica y Monetaria. Junto a aquel tratado se aprobó un acuerdo político con el apoyo de mi grupo, el socialista, por el cual el Gobierno se comprometía a impulsar y complementar la austeridad con políticas de crecimiento y empleo.
Sin embargo, a pesar de que la voluntad mayoritaria de los ciudadanos españoles, traducida en ese acuerdo, fue clara, seguimos viendo cómo esa voluntad democrática y ciudadana sigue sin tener una traslación clara en las políticas europeas, que necesitan esa democratización todavía inédita. España ha sido objeto de un rescate financiero: se aprobó una línea de crédito de rescate de 100.000 millones de euros, de los cuales se han utilizado 40.000, y en este Parlamento no se ha producido un debate sobre esa cuestión, ni se han debatido los elementos del llamado MoU (memorándum de entendimiento) que los concreta. Hubo, sin embargo, debate sobre este memorándum tanto en Alemania como en otros países en los parlamentos nacionales…

El Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza, aprobado el año pasado, en su artículo 13, también contempla una mayor implicación de los parlamentos nacionales en la definición de esas políticas económicas destinadas a profundizar la Unión Económica y Monetaria. De hecho, en el último año el Consejo Europeo ha iniciado un camino de profundización de la Unión Económica y Monetaria. Algo, poco, y asimétricamente, pero algo, se ha avanzado en la unión bancaria, en la unión fiscal. En lo que se llamaba unión política se ha conseguido incluir una modesta mención a lo que se llama “rendición de cuentas y transparencia”. La rendición de cuentas hace referencia a esa unión política sobre la que debemos profundizar.

Es preciso, fundamental, que los ciudadanos, a través de los parlamentos nacionales y del Parlamento Europeo, participen en los debates sobre el ritmo de estabilidad presupuestaria, el ritmo de consecución de los objetivos de déficit, sobre, por ejemplo, ese 3% que nos marca la Unión Europea desde sus instituciones. Por supuesto, se han de debatir las consecuencias sociales de los ajustes, debatir con más profundidad los asuntos relativos a la gobernanza de la zona euro. Es inadmisible que la señora Merkel diga con frialdad que ella quiere un euro fuerte, aunque eso suponga que se derritan como el hielo los esfuerzos y los sacrificios de los ciudadanos españoles. Esta decisión, como tantas otras, debe ser debatida en un órgano democrático europeo; debe ser debatido en el Parlamento español, en los parlamentos nacionales y en el Parlamento Europeo. Por supuesto, hay que debatir las diferentes etapas del semestre europeo y las orientaciones de política económica para cada año.
Hace pocos días conocimos las previsiones de la Comisión Europea, que son demoledoras y demuestran que algo falla: o la política económica del Gobierno, o las previsiones, y por supuesto la comunicación y el control ciudadano. No puede ser que tengamos un debate sobre el estado de la Nación un miércoles y un jueves, y unas previsiones un viernes, y que sean tan distintas. Es necesario profundizar en la democracia de estos procedimientos. Debemos profundizar en el control democrático de la gobernanza económica de Europa porque de eso depende el futuro de nuestro país, el futuro de la prosperidad social y económica europea, y, desde luego, el futuro de una Unión que es más necesaria que nunca, pero que debe ser distinta de esta Unión que estamos ahora conociendo y que la derecha europea está diseñando tan diferente del sueño europeo en el que tantos creemos.


domingo, 24 de febrero de 2013


El sueño sobre el estado de la nación



Artículo aparecido en "Sesión de Control" el viernes, 22 de febrero de 2013.

Las reacciones que el debate sobre el estado de la nación ha generado son el mejor y sin duda más actualizado indicador de la pobre calidad institucional de nuestro sistema político. Sí, pero también de la realidad social en diferentes ámbitos.
Creo que, continuando la senda de distanciamiento de la realidad que siguen desde hace demasiado tiempo, nadie ha resaltado suficientemente el hecho de que los principales rotativos y medios de comunicación habían dictado sentencia sobre el supuesto combate que se estaba celebrando en el Hemiciclo antes incluso de que acabara.
Ya no quedan medios que no oculten descaradamente sus preferencias ideológicas, convertidos no tanto en correas de transmisión de diferentes opciones ideológicas y/o de plataformas de intereses, sino incluso en sus principales promotores. Algunos no es que no sigan determinadas tendencias, sino que se han convertido sencillamente en los líderes de las mismas. ¿Informar?, eso lo dejaremos para otro día.
Las votaciones en internet sobre los diferentes púgiles fueron simplemente vergonzantes. El problema que esta realidad mediática genera es muy grave, y lo es no tanto porque no exista pluralidad –que la hay-, ni libertad de información, sino porque condiciona tremendamente la percepción de casi todo.
Los diputados y diputadas del Grupo Parlamentario Socialista asistimos con orgullo y satisfacción y salimos más que contentos del debate entre nuestro secretario general y el presidente del Gobierno, prácticamente sin excepción. Todos compartimos en grandes líneas la misma valoración de su discurso y réplicas, y lo hicimos desde el inmenso capital de experiencia política y conocimiento que aglutina un grupo como el nuestro.
Pues bien, al día siguiente no puedo ocultar que fui testigo de cómo experimentados parlamentarios dudaban de sus propias sensaciones tras la lectura de periódicos que habían adelantado sus conclusiones sin haber tenido tiempo real para meditarlas y escribirlas con un mínimo de garantías. ¿Por qué sucede esto?
La segunda reflexión que quiero destacar es que hoy, al día siguiente, todo vuelve a ser igual. El campo en el que se desarrolló el debate tuvo o tiene poco que ver con lo que sucede en la calle. Alfredo Pérez Rubalcaba trajo al debate los elementos que preocupan en la calle –paro, sanidad, copago, tasas judiciales y universitarias, desahucios, pobreza-, mientras que otros centraron el debate en los parámetros habituales del ring parlamentario.
Los debates sobre el estado de la nación, como todos los debates, lo son ante los ciudadanos, no ante los escaños colorados de unos y otros mientras los de los sillones azules se frotan las manos con ansiedad.
Tras el debate seguimos sin saber las razones por las que el Gobierno ha incumplido buena parte de su programa electoral, y no sólo en lo que tiene que ver con el ajuste, sino en otros aspectos puramente ideológicos, reaccionarios –privatizar hospitales cuando no existe evidencia alguna de que contribuyan al ahorro ni muchos menos la mejora de la calidad, excluir a emigrantes irregulares de la sanidad, instaurar copago en medicamentos cuando las subastas son más eficientes y no repercuten en los ciudadanos pero sí en las empresas farmacéuticas, liquidar la negociación colectiva, arremeter contra las entidades locales engordando las diputaciones para centralizar la privatización de servicios públicos, y tantas otras más-.
Son medidas destinadas a liquidar la otra herencia, la buena, la de un sistema social construido durante treinta años de democracia. Tampoco sabemos qué está pasando en el PP, en sus tripas, o que pasó. Y bien, no hizo falta ni un día, bastaron unas horas, para que el protagonista absoluto de la vida política española, ese esquiador que tiene 4.000 milllones de las antiguas pesetas en Suiza y que puede tener más -las cifras en euros a veces parecen menos de lo que son-, nos despertara del sueño sobre el estado de la nación de don Mariano.
En el PSOE sabemos que el funcionamiento parlamentario en todas sus dimensiones debe cambiar, debemos transformarlo. Los discursos para la galería propia de sillones colorados y medios afines no tienen ningún sentido. Menos aún si se simplifican argumentos, se exageran realidades y nadie se encarga de desenmascarar tanta impostura.
El recurso a la herencia recibida protagonizó la intervención de Mariano Rajoy, tanto para explicar el origen de todos los males -y de paso la impotencia de sus soluciones-, como para descalificar las propuestas que se hicieron desde la oposición. En particular las que hizo Alfredo Pérez Rubalcaba.
Ya sabemos que en España sólo tenemos pasado nosotros, la izquierda. Claro, la derecha nunca gobernó hasta Aznar, nunca antes. Tan sólo el aznarato en siglos. No es nada nuevo.
Así, mal vamos. Seguimos sin ser capaces de asumir colectivamente que nuestro país ha desperdiciado un ciclo económico completo, me da igual situar su arranque en 1993 -cuando terminó la anterior crisis con el PSOE al mando- o en 1998, cuando la Ley del suelo de Aznar inyectó nitroglicerina en nuestro sector inmobiliario y de la construcción.
Ha sido década y media perdida hasta el petardazo de 2008, algo que la derecha sigue sin reconocer. Década y media de endeudamiento, modelo de crecimiento enloquecido, insostenible, orientación equivocada de millones de talentos hacia la construcción, los servicios relacionados con ese sector -jurídicos, financieros-, las industrias auxiliares y el pelotazo. Y, por supuesto, los sobres y maletines con los que tantos emprendedores engrasaron a tantas administraciones para enladrillar la vieja piel de toro.
Seguimos sin asumir ese error colectivo que tanto daño económico y social ha generado y que muy pocos se atrevieron a criticar mientras sucedía. Algunos piensan que los aplausos a puerta cerrada, las victorias amañadas y a puntos y las loas afines les van a permitir continuar como si nada. Es una ingenuidad porque el lado oscuro de la burbuja ya está aquí para llevárselos.


        DRAGHI, EL MARCO FINANCIERO       Y EL DEBATE



Artículo aparecido en el periódico "ABC" el domingo, 24 de febrero de 2013.

La actividad en el ámbito económico y europeo ha sido muy intensa en las últimas semanas. La visita de guante blanco del presidente del BCE, Mario Draghi, y el cierre de un acuerdo sobre el Marco Financiero 2014-2020 por el Consejo Europeo sin su consiguiente debate parlamentario en el Congreso por la negativa del PP a celebrarlo, merecen cierta reflexión.

Draghi, en su, digamos, comparecencia a puerta cerrada, dijo: “las reformas no han de verse de manera aislada: su objetivo es lograr un funcionamiento mejor y más sólido y, sí, también más justo de las economías, en beneficio de todos los ciudadanos.” En inglés dijo stronger, better and fairer… que suena más fuerte. Y ello me lleva a mi primera reflexión. En España, cuando lo hagamos, ¿saldremos mejor de la crisis? ¿lo haremos de manera más justa? Y la respuesta es tan evidente que casi no merece la pena contestarla, es no. Este hecho protagonizó ciertos momentos del debate sobre el estado de la nación pero no obtuvo la respuesta que merecía por el presidente del gobierno. Las reformas que deterioran la igualdad de oportunidades de los españoles y que para muchos ya generan consecuencias irreversibles, aunque se corrijan en el futuro, como las del sistema educativo, las que limitan el acceso a la justicia, el copago sanitario para los más débiles, las que reducen derechos sociales y laborales, la amnistía fiscal, ratifican esa salida injusta.

Tenía razón Draghi cuando decía que el Consejo de Gobierno del BCE no defiende intereses nacionales sino su mandato institucional. Mandato definido por los legisladores europeos -Consejo y Parlamento Europeo-. Por eso debemos redefinir los intereses europeos y hacerlo democráticamente, y después cambiarlo. Con todo, a pesar del esfuerzo de los portavoces que intervinieron en esa reunión tan tasada y acotada, Draghi no ofreció esperanza alguna al principal problema que nos bloquea la salida de la crisis. El FMI estima que de los 360 puntos de prima de riesgo española unos 200 corresponden a elementos estructurales macroeconómicos propios –a pesar de que nuestra deuda pública acumulada es similar, todavía, a la alemana en términos PIB- y el resto, o sea unos 150 puntos, a deficiencias de diseño institucional de euro. Nadie se indigna ante este hecho con la intensidad que merece. Esos 150 puntos se llevan por delante en nuestra factura de intereses la mayor parte de los esfuerzo de ajuste que estamos realizando –el justo y el injusto- sin que nadie pegue en la mesa el puñetazo que la situación requiere. Hay quien ha sugerido que las inversiones productivas o en I+D+i no deberían computar como déficit en la escalilla europea. Podríamos exigir, también, un trato diferencial en términos de cómputo de déficit del coste presupuestario de esa parte diferencial de tipos que no corresponde a fundamentos macro sino a defectos y debilidades del diseño institucional del euro –como no mutualizar deuda-, de la falta de actuación del BCE, del diktat de la derecha que representa Angela Merkel que nuestro gobierno acepta sin rechistar. Si la situación no cambia, si no se logra parar esa injusta e insostenible fragmentación de la zona euro que asfixia nuestra economía, a nuestras empresas y trabajadores, no sólo no saldremos de ésta sino que el fantasma del rescate –eso que el presidente gobierno llama “ayudas”- volverá a visitarnos.

Sobre el acuerdo del Marco Financiero Europeo 2014-2020, destacar que se trata de un mal acuerdo para Europa y para nuestro país. Un presupuesto raquítico cuando Europa más hace falta, que reduce su presupuesto por primera vez y que no respeta las líneas rojas acordadas por el anterior gobierno, como los fondos que percibirán las regiones en transición – Andalucía, Galicia, Castilla la Mancha y Murcia-. Un acuerdo que a pesar del maquillaje con el que ha sido presentado implica la pérdida para España del 30% de los fondos de cohesión, más de 11.000 millones de euros, y mucho más.


martes, 5 de febrero de 2013



Ojalá pudiera creerle, señor presidente.


Artículo aparecido en "Sesión de Control" el lunes, 4 de febrero de 2013.
Me gustaría creerle señor presidente. Ojalá. Pero no puedo. No me sale, y mire que lo he intentado. Es evidente que yo no le voté y que no comparto su manera de ver las cosas ni muchas de sus ideas, pero como ciudadano creía que usted, tal y como es, podría defender con fuerza, honestidad y credibilidad los intereses de nuestro país y de todos y cada uno de los españoles en un momento tan difícil como el actual. Y bien, creo que ya no puede.
Tal y como explicó ayer nuestro secretario general Alfredo Pérez Rubalcaba, los socialistas creemos que ya no puede y por eso hemos decidido pedir su relevo, su recambio. Algo duro, difícil, largamente meditado.
Las razones que nos han llevado a esta situación crítica tienen que ver con la cascada de noticias aparecidas sobre las presuntas irregularidades cometidas en la financiación y la gestión de su partido. Informaciones relacionadas con prácticas irregulares en administraciones gobernadas por el PP y vinculadas, directa o indirectamente, con el denominado caso Gürtel. Un caso todavía pendiente de resolución judicial.
Informaciones de extraordinaria gravedad que han producido alarma e indignación social y que afectan no sólo al partido del gobierno, al PP, sino al Gobierno y a usted, su presidente. No se trata de un problema con el PSOE.
Todo lo que he descrito ha provocado una crisis política de consecuencias difíciles de calibrar, peligrosamente imprevisibles, que han reducido la escasa credibilidad de su Gobierno, el Gobierno que lleva un año imponiendo sacrificios a los españoles. Un Gobierno que ha llegado al límite de incumplimientos asimilables por una ciudadanía ejemplar que ha contemplado atónita como todo lo prometido desde la oposición y en la campaña electoral ha sido sistemáticamente quebrantado. Unos incumplimientos traducidos en sacrificios que en ningún caso figuraban en el programa electoral con el que el PP se presentó a las elecciones.
Pues bien, su cupo de incumplimientos, si es que se puede medir algo así, se ha completado. En poco más de un año han agotado su capacidad para pedir sacrificios a los españoles. Han reducido a su mínima expresión la imagen exterior de España. Han agudizado la desconfianza en las instituciones democráticas y han enturbiado aún más si cabe la percepción ciudadana de la política en España. Así, sin crédito, han cometido el peor de los errores cuando sólo se les exigía un poquito de verdad en aras del bien del común.
No es con nosotros, señor presidente, con quien tiene usted el problema. Nosotros, el PSOE, trabajamos con intensidad para recuperar nuestro espacio y credibilidad política desde la oposición, sin atajos, con mucho esfuerzo. Nosotros ni queríamos ni hemos buscado este nuevo trance en el que nos han situado a todos. Nosotros creemos en el trabajo bien hecho, metódico, sistemático. Creemos en el tiempo de la oposición y en eso estamos.
Este año hemos programado cinco convenciones políticas para afrontar los desafíos políticos que tanto nos preocupan y exigen, un Consejo Territorial que deberá dar respuesta a la reforma constitucional que nuestro país exige para resolver la crisis del modelo de Estado, una gran conferencia política en otoño, y mucho más.
No, no somos nosotros. Los ciudadanos españoles no comprenden porqué usted niega todo y no se querella contra el señor Barcenas. Los ciudadanos españoles no se creen que su partido no tuviera una ‘contabilidad B’ cuando tantos así lo reconocen, ante tantas evidencias. Y ha sido usted desde el sábado pasado quien ha vinculado su futuro político a esas dos cuestiones al desviar la atención sobre el fondo del problema, su partido, pretendiendo convencernos de que todo forma parte de una operación para desestabilizar al Gobierno y a España. Los ciudadanos no se creen que todo lo publicado sea un montaje.
Desde el PSOE hemos reclamado una explicación clara y convincente sobre todo ello, siempre con respeto a la presunción de inocencia de todos los afectados, evitando acusaciones o actuaciones que pudieran afectar a la credibilidad de las instituciones básicas de nuestra democracia que rigen la convivencia, siempre por las vías habilitadas por el Estado de Derecho. Pero las responsabilidades políticas y las penales son cosas diferentes, como bien sabe el exministro Fernández Bermejo y tantos más.
La amnistía fiscal de la que se ha beneficiado la cuenta en Suiza del señor Bárcenas que ustedes han negado en sede parlamentaria, el inconsciente disfrute de la ministra Mato de regalos de la trama Gürtel, los cambios de versión acerca de cuando se erradicaron los sobresueldos en ‘dinero B’ por la señora Cospedal, son todos comportamientos ejemplares.
En su comparecencia del sábado, sin permitir preguntas, no se produjo la explicación cabal, profunda y convincente que esperábamos. La ausencia de cualquier atisbo de explicación razonable ha añadido una crisis de moral pública -sí, como suena- a las crisis económica, social, territorial y política que padecemos. Una acumulación de crisis tan preocupante que nos ha obligado a reclamar lo que nuestro secretario general expuso el domingo 3 de febrero.
Necesitamos un presidente que pueda restablecer la confianza, la seguridad y la estabilidad que España necesita.

miércoles, 23 de enero de 2013

Ejemplaridad, contundencia y transparencia



Artículo aparecido en "Sesión de Control el miércoles, 23 de enero de 2013.



Los vilipendiados diputados a Cortes aprovechamos siempre el mes de enero para pasar el máximo tiempo posible con los ciudadanos. La Constitución española de 1978 establece que el mes de enero no es hábil parlamentariamente, pero eso no quiere decir que no se trabaje como algunos creen. Al contrario, nuestra obligación es aprovechar las semanas sin sesiones plenarias ni comisiones en Madrid de lunes a jueves para hacer lo que el resto del año concentramos en lunes por la mañana, viernes y fines de semana.
Cuento esto porque sé que existen dudas acerca de esa relación directa que estamos obligados a mantener con los ciudadanos en estos tiempos duros en los que la imagen de la política y de sus protagonistas, los que como yo servimos con orgullo en el Congreso de los Diputados o en otras responsabilidades democráticas y constitucionales, está bajo mínimos. Una relación directa que, como todo, se puede mejorar mucho, por supuesto.
Así es que, ¿qué nos exigen los ciudadanos? ¿Cuáles han sido las principales reivindicaciones que escuchamos? Y no ahora, en enero, sino en los últimos meses, en el último año, desde las elecciones generales de noviembre de 2011. Pues bien, ejemplaridad, transparencia y contundencia, aparecen en lo más alto de la clasificación, al menos de la mía.
  • Ejemplaridad. La política democrática tiene que ser ejemplar, ahora, y siempre. El clamor social que existe sobre ello no es casual porque es el resultado de la acumulación de escándalos y errores protagonizados por políticos y también en algunos momentos por los propios partidos. La corrupción y todo los que es objeto de persecución penal, pero también lo que es legal pero indefendible como las puertas giratorias entre empresas y puestos en la administración en el mismo sector o área en el que e han tomado decisiones como administrador público.
    En definitiva, corrupción clásica, clientelismo y nepotismo, pero también prácticas inadecuadas, superfluas, u onerosas que deben ser erradicadas. El reto legislativo que tenemos por delante es ingente porque nuestra democracia y nuestra sociedad no pueden vivir en un ambiente de alarma social permanente provocado por las dudas que generan las actitudes, trayectorias y actos de algunos políticos.
  • Transparencia. El Gobierno llega tarde y mal a la exigencia social de transparencia. Transparencia quiere decir conocimiento directo y sencillo de lo que hacen la administraciones, en cómo contratan, cómo deciden en qué gastar y cómo optan entre diferentes opciones. Los partidos políticos deben ser instituciones abiertas sin secretos, y deben regirse por criterios exclusivamente democráticos y de participación.
  • Contundencia. Los ciudadanos progresistas y muchos que jamás votaron a la izquierda nos exigen firmeza con racionalidad, una cabal contundencia, para hacer frente a la ruptura del pacto constitucional y de los equilibrios que se cerraron en la Transición. Esa ruptura es el principal producto del primer año de Gobierno del PP. Es la quiebra del estado social de derecho consagrado en el artículo 1 de la Constitución española.
    Si se rompe el principio de igualdad, los mecanismos que garantizan derechos sociales a todos los españoles en igualdad -el acceso a la educación, sanidad o justicia en igualdad, por ejemplo-, se rompe el modelo de convivencia constitucional de 1978. Los ciudadanos desean que los socialistas hagamos una oposición firme y clara en estos temas, creíble, que permita seguir creyendo que un futuro mejor es posible, y esa es la principal labor que desde la dirección del PSOE estamos llevando a cabo desde hace ya casi un año. Oposición firme, modernización del partido que buena falta le hace y presentación de un proyecto alternativo al que estamos padeciendo.
Si no somos capaces de hacerlo, si no logramos aunar estas tres exigencias junto al resto de demandas sociales que oímos cada día, entonces, ante la dimensión de las incertidumbres y riesgos que nos acechan, es posible que nos veamos abocados a refundar el modelo constitucional con el que nos dotamos en la Transición y que nos ha permitido disfrutar –con sus defectos- del periodo de democracia, libertad y prosperidad más prolongado de nuestra historia.

domingo, 20 de enero de 2013



MANERAS DE CRECER Y COMPETIR

 


Artículo aparecido en el periódico "ABC" el domingo, 20 de enero de 2013.


El reconocimiento por el FMI del error que supuso recetar austeridad, porque subestimó sus efectos despreciando el efecto multiplicador negativo sobre el crecimiento y el empleo, ha puesto en entredicho el eje básico de las políticas económicas impulsadas por la derecha europea desde 2010. Eso sí, sin reacción alguna por ahora. Año 2010, fecha en la que crisis financiera se convirtió en crisis de deuda soberana, crisis de deuda como consecuencia y no como origen de los problemas que vivimos. Esta semana el portavoz de la canciller alemana ha insistido en que Europa no volverá al crecimiento si no reduce su deuda, olvidando mencionar que Alemania ha crecido considerablemente en los últimos años con un porcentaje de deuda pública acumulada sobre el PIB mayor que el español, demostrando que el crecimiento, cuando se produce, se debe a otros factores.  

Pero el austericidio es sólo uno de los errores que se están cometiendo en materia de crecimiento. En España se desperdició el pacto de rentas alcanzado por los sindicatos y la patronal en enero de 2012, un pacto que contemplaba una cláusula de descuelgue general para moderar salarios como nunca se había logrado antes y abría la puerta a la flexibilidad interna para evitar destruir empleo a cambio de reducciones pactadas de jornada, movilidad laboral y bajadas salariales. Un modelo de relaciones laborales que ha sido dinamitado por la reforma laboral que vino después.  

Da la sensación de que el camino que estamos siguiendo para volver a ser competitivos y crecer y crear empleo, algo que sin duda lograremos, es el de ldevaluación interna vía costes, salarios y prestaciones sociales sin atender a los elementos intelectualmente más sofisticados pero reales y de peso que determinan la competitividad. Devaluación interna que es también consecuencia de las deficiencias institucionales de la zona euro. 

Así, en las últimas semanas, ante el fracaso del modelo de austeridad complementado por un burdo regreso a la desregulación –ahora laboral y social-, ha vuelto a cobrar fuerza la comparación entre lo qué hacemos aquí en el sur y lo que sustenta las economías del norte. 

Alemania ha ido bien. Y no lo ha hecho como la derecha defiende gracias a las reformas introducidas en la llamada Agenda 2010 que sólo ha conseguido dualizar el mercado de trabajo condenando a millones a la precariedad, a los minijobs y la subcontratación. La economía alemana sigue dependiendo de sus industrias y sectores clásicos sustentados por un sistema de relaciones laborales cooperativas que permite la implicación directa de los denostados sindicatos en la gestión empresarial. Un sistema en el que las empresas renunciaron hace décadas a la flexibilidad externa vía despido o temporalidad como en España. Un sistema en el que en tiempos de bonanza se invierte en tecnología, formación y modernización, y que en los de crisis retiene mano de obra mediante esa flexibilidad interna. 

En Francia, mientras, empresarios y sindicatos han firmado un proyecto de reforma del mercado laboral con el objetivo de mantener el empleo. ¿Qué contempla? Un pacto, flexibilidad y movilidad laboralla posibilidad de reducir el salario o el tiempo de trabajo para evitar despidos cuando existen dificultades objetivas en las empresas. ¿Les suena? Es probable, aquí vamos en la dirección contraria. El debate de fondo es sobre las diferentes maneras de crecer, o como dice un compañero mío, sobre unmás que posible concepción progresista de la competitividad.